REDACCIÓN RÉCORD
Francia inició con la mejor etapa de toda su historia luego de levantar el título de la Copa del Mundo de 1998, misma a la que le siguieron los títulos de la Eurocopa del 2000 y de la Copa Confederaciones de 2003, todos ellos torneos en los que Thierry Henry brilló con luz propia hasta convertirse en uno de las figuras más emblemáticas de ';Les Bleus';.
De hecho, fue justo en la Copa Confederaciones donde ';Tití';, como también se le conoce al delantero galo, mostró toda su valía y gran capacidad de poner sobre sus hombros el destino de su selección.
El torneo se presentó como una prueba para el combinado francés, dirigido en ese entonces por Jacques Santini, que además de jugar sin dos de sus grandes figuras, Zinedine Zidane y Patrick Vieira, llegaba al certamen con la necesidad de reivindicarse tras el fracaso que significó el Mundial de 2002, donde quedaron eliminados en la primera fase, sin haber ganado un partido y sin haber marcado un sólo gol.
Sin embargo, para la Confederaciones de 2003, Francia estuvo liderada por un inconmensurable Thierry Henry, quien se consolidó como un jugador capaz de marcar diferencia en los momentos más complicados, situación que le permitió al combinado galo volver a exhibir todo su potencial en una justa internacional, marcando 12 goles e imponiéndose de forma contundente en sus cinco encuentros, hasta finalmente levantar la Copa.
Henry, cuyo estilo se basaba en la velocidad y en el encare, se convirtió en una pesadillas para los rivales por la banda izquierda, donde puso constantemente en apuros a las defensas contrarias, a las cuales dejó en más de una oportunidad en evidencias gracias a sus frenéticos desbordes y a sus constantes intentos al marco rival.
El ariete, entonces propiedad del Arsenal, terminó el torneo recibiendo la Bota de Oro gracias a sus cuatro goles anotados (ante Colombia, Nueva Zelanda y Turquía, y el del título frente a Camerún).
El juego vistoso y atrevido de Henry, su velocidad, su fuerza y su capacidad para cargar con el equipo no sólo cautivaron a los aficionados franceses, sino al mundo entero, mismo que fue testigo de cómo Tití se convirtió en el jugador más destacado del torneo, llevándose a casa el Balón de Oro.




