Tuvieron que pasar más de dos años para que alguien se atreviera a desafiar al vestidor de Chivas, que lo pusiera en orden y que tomara el rol de 'superhéroe' en un Rebaño que estaba descarriado.
Omar Bravo aceptó el reto, se enfundó el traje y se convirtió en el líder del equipo rojiblanco. Sus compañeros lo siguen y lo escuchan en el vestuario tapatío. Gracias a él vuelven a navegar por aguas tranquilas y con un buen ambiente.
El delantero mochiteco es el nuevo capataz del plantel de Chivas, pero a diferencia de los anteriores, Bravo se ha dedicado a sanar las heridas de un vestuario que estaba totalmente fracturado, para que todos marchen por el mismo camino.
Los resultados han sido inmejorables, ya que en menos de un mes se ha ganado la confianza y el respeto de todo el grupo, y eso se nota dentro y fuera de la cancha.
Los métodos que ha utilizado el capitán del Guadalajara como su fortaleza son simples. Se comprometió con todos sus compañeros a ser la voz del vestidor y meter las manos al fuego por cada uno de ellos en cualquier tema que les inquiete.
El 'mandato' de Omar empezó con el pie derecho y ya dio resultados positivos para el plantel. Consiguió que regresen los premios económicos para los jugadores, algo que Jorge Vergara nunca ha visto con buenos ojos. Esto beneficiará el bolsillo del plantel.
Después, ayudó para que sean menos las horas de clases de desarrollo humano, el dolor de cabeza del equipo.
En cuanto a las primas económicas, el goleador fue vital para que volvieran, ya que algunos de los jóvenes mostraban inquietud por su sueldo y así se lo hicieron saber al capitán rojiblanco, quien de inmediato habló con José Luis Real y Francisco Palencia. Les hizo saber la opinión de sus compañeros y buscó una solución para motivarlos.
Entre los tres llegaron al acuerdo de que volverían los premios. Esta noticia cayó de maravilla en el vestuario y Bravo se ganó el respeto de sus compañeros.
Pero ahí no terminó el esfuerzo del mochiteco por el grupo. Después acordó con la directiva que hubiera menos horas de desarrollo humano, a cambio de más entrenamientos, ya que los jugadores prefieren trabajar en la cancha antes que asistir a clases. Esto fue agradecido por todo el plantel. Por si fuera poco, tiene una buena relación con los jóvenes, a los que convenció de entregarse a tope y evitar los escándalos fuera de la cancha.
Así, Bravo se ha transformado en el salvador del vestidor tapatío, contando con el respaldado del Güero y Palencia.





