A 8 días: ¡Insólito! Dos virtuosos fallaron un penalti en el mismo partido en México 1986
En la vida hay historias paralelas, que en algún punto del destino suelen cruzarse, unas de forma positiva, pero otras son desafortunadas y quedan marcadas para siempre como una cicatriz en la memoria colectiva, como la que ocurrió en el Mundial México 1986.
De manera insólita, dos figuras de sus respectivas selecciones, ambos de enorme clase exquisita, fallaron un penalti en el mismo partido, el francés Michel Platini y el brasileño Arthur Antunes Coimbra, mejor conocido como Zico.
El sábado 21 de julio de 1986, el cruce de Cuartos de Final, entre Francia y Brasil, en el Estadio Jalisco, de Guadalajara, celebrado a pleno rayo de sol, quedó inmortalizado no solo por ser uno de los más épicos y técnicos en la historia de la máxima justa, sino por los increíbles errores de ambos astros.
Zico falló primero
Con el partido empatado 1-1, la Canarinha pudo definir su boleto a Semifinales, cuando al minuto 74, en un pase filtrado hacia Branco, el portero francés Joel Bats lo derribó dentro del área y el árbitro del cotejo, el belga Ioan Igna marcó penalti.
Zico tomó el balón, en lo que parecía ser un cobro automático, tiró como novato y el arquero galo únicamente tuvo que recostarse hacia su izquierda para quedarse con la pelota, ante la sorpresa de la fanaticada, en su mayoría a favor de la Verdeamarelha, por el cariño heredado desde la justa de México 1970.
El choque concluyó igualado en el tiempo regular y también en el tiempo extra y tuvo que resolverse en tanda de penaltis.
Platini siguió sus pasos
Ya en la tanda de penaltis, Brasil abrió con falla de Sócrates, otro prodigio amazónico, después siguieron seis aciertos consecutivos, entre ambas selecciones: Alemao, Zico, hizo valida su revancha, y Branco; mientras que por los europeos: Yannick Stopyra, Manuel Amoros y Bruno Bellone, hasta que vino lo inaudito.
Platini se acercó al manchón, tomó la esférica y mandó su disparo por encima del larguero; sin embargo, para fortuna del genio francés, el brasileño Julio César estrelló su balón en el poste y Luis Fernández sentenció la eliminatoria, para cerrar uno de los capítulos atónitos de los Mundiales: el día que dos virtuosos probaron que la perfección no existe.