Durante los últimos años, el Clásico Tapatío ha vivido distintas etapas, pero el duelo entre Atlas y Chivas parece recuperar poco a poco el protagonismo que alguna vez tuvo en el futbol mexicano. 

El enfrentamiento llega en un momento en el que ambos equipos vuelven a generar expectativas, con proyectos que buscan consolidarse y una rivalidad que ha encontrado nuevos ingredientes para alimentar el pique.

Aldo Rocha, en festejo de gol con Atlas, en un Clásico Tapatío ante Chivas | IMAGO7

Atlas atraviesa una etapa distinta, marcada también por el cambio de escenario. El equipo rojinegro dejó atrás el Estadio Jalisco como su casa habitual y ahora vive una nueva etapa en un estadio propio, mientras que la llegada de una nueva directiva ha generado expectativas sobre el rumbo que tomará la institución. El objetivo es construir un proyecto capaz de devolver al Atlas a los primeros planos y convertir su nueva casa en un escenario de grandes noches.

Del otro lado está Chivas, un equipo que por su historia y exigencia siempre está obligado a competir por los primeros lugares. El Guadalajara también ha encontrado argumentos para ilusionar a su afición y llega al Clásico con la necesidad de demostrar mantener la inercia positiva en uno de los partidos más importantes de su calendario.

Ángel Sepúlveda con Chivas en el Clásico Tapatío | IMAGO7

El ingrediente más interesante está en los banquillos. Los entrenadores de Atlas y Chivas tienen un pasado que añade una historia particular al encuentro y que hace que el duelo trascienda lo estrictamente deportivo. Sus caminos ya se habían cruzado antes y ahora vuelven a encontrarse, pero esta vez con la responsabilidad de dirigir a dos equipos que tienen mucho en juego.

El Clásico Tapatío vuelve así a tener varios de los elementos que hacen especial a una rivalidad: dos equipos en buen momento, nuevos proyectos, una nueva casa para el Atlas, declaraciones que han elevado la temperatura durante la semana y dos entrenadores con una historia previa que le agrega tensión al partido.

Porque un Clásico no se juega únicamente durante 90 minutos. También se juega en la historia, en las declaraciones, en la tribuna y en el orgullo de una ciudad. Y esta vez, Atlas y Chivas tienen argumentos para hacer que su rivalidad vuelva a ocupar un lugar importante en el futbol mexicano.

Chivas tras ganar el Clásico Tapatío en el Estadio Jalisco | IMAGO7