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El tercer campeonato del América Femenil es un golpe de jerarquía a mediodía

América celebra su título de Liga MX Femenil | MEXSPORT
Ángel Villacampa por fin se quitó de encima esa pesada losa de las finales perdidas, y lo hizo apostando por un equipo agresivo desde el primer minuto

Levantar una copa siempre exige sangre fría, pero hacerlo un domingo al mediodía, con el marcador en contra y frente a un rival que te tiene tomada la medida, requiere una autoridad brutal. El América Femenil acaba de dar una lección de fútbol a toda la liga. Remontar el 1-0 que se trajeron de Monterrey para terminar ganando 3-0 en el Estadio Ciudad de los Deportes confirma que esta plantilla ya aprendió a comerse la presión a puños. Su tercera estrella llegó porque el vestidor decidió que en su casa mandan ellas.

Hablemos de lo que pasó en la cancha, porque el funcionamiento rozó la perfección. Ángel Villacampa por fin se quitó de encima esa pesada losa de las finales perdidas, y lo hizo apostando por un equipo agresivo desde el primer minuto. Las anotaciones de Guerrero y Ferreira abrieron el camino, pero el penal que cobró Scarlett Camberos al minuto 80 fue el candado con el que sellaron una remontada perfecta. Ver a Camberos tomar el balón bajo ese nivel de tensión, con el estadio a punto de estallar, refleja el temple de un grupo que ya no se achica en los momentos importantes. Rompieron la hegemonía regia sudando la camiseta y dominando el balón.

Jugar a las 12:00 del día fue un experimento que a muchos les generaba dudas. Analistas y directivos juraban que el calor capitalino iba a mermar el espectáculo. Sin embargo, las futbolistas volvieron a tapar bocas. Corrieron, metieron la pierna y entregaron una final vibrante frente a una afición que abarrotó las gradas. Este tercer título consagra a las Águilas como una dinastía real y le quita las excusas a quienes todavía minimizan el nivel de nuestro torneo.

El futbol femenil ya demostró que no necesita los reflectores nocturnos para armar una fiesta histórica. El América impuso sus condiciones y se llevó el trofeo a sus vitrinas con pura capacidad técnica. Quien siga dudando del espectáculo que ofrecen estas mujeres, simplemente está viendo el partido de espaldas.

Resulta urgente dejar de ver estos campeonatos como anécdotas de esfuerzo. Mi postura es firme: la tercera estrella del América es un golpe en la mesa que exige respeto absoluto. Las futbolistas ya cumplieron, llenaron su estadio, superaron el calor y bordaron su escudo con oro. La autoridad se gana ganando finales, y estas Águilas ya demostraron que el cielo les pertenece.

¡Abramos cancha!