Llevamos cuatro años de casados y hay una costumbre de mi esposo después de tener relaciones que siempre me ha incomodado. Al principio pensé que era una simple manía, pero con el tiempo comenzó a darme cada vez más asco.

Él, en cambio, está convencido de que es algo que “todas las mujeres aman”. Incluso me ha dicho que sus exnovias nunca se quejaron y que yo simplemente debería dejarme llevar.

Después de tener intimidad, siempre me pide que huela una prenda suya que acaba de usar. Dice que es una forma de mantener la conexión entre nosotros y que el olor de una pareja puede ser muy excitante. La primera vez pensé que estaba bromeando, pero con los años se convirtió en una especie de ritual.

Le he explicado que no me gusta y que prefiero que no lo haga, pero él suele reírse y decirme que estoy exagerando. Según él, sus exnovias disfrutaban mucho hacerlo y asegura que “todas las mujeres” terminan acostumbrándose. 

Hace unas semanas decidí preguntarle de dónde había sacado esa idea. Me confesó que una de sus exnovias se lo enseñó y que desde entonces lo ha repetido con todas sus parejas. Según él, siempre había pensado que era una especie de “truco” para hacer que una mujer se sintiera más querida después del sexo.

Le pregunté si alguna de ellas realmente le había dicho que le gustaba. Se quedó callado y finalmente admitió que no. Simplemente asumió que sí por sus reacciones.

Eso fue lo que más me molestó. No solo porque haga algo que le he pedido que deje de hacer, sino porque parece estar más preocupado por demostrar que su método funciona que por escucharme.

Ahora tenemos una discusión cada vez que sale el tema y él asegura que lo estoy haciendo sentir mal por algo que, según él, siempre hizo con buenas intenciones.

¿es normal que una persona insista en una práctica íntima aunque su pareja le diga que no le gusta? ¿Debería preocuparme por el hecho de que mi esposo crea saber mejor que yo lo que disfruto? ¿Cómo puedo establecer un límite sin que él lo interprete como un rechazo hacia él?

Una costumbre de su esposo después de la intimidad comenzó a incomodarla cada vez más. / iStock

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Cuando hablo de sexualidad procuro no utilizar demasiado la palabra “normal”, porque justamente muchas veces es la “NORMA” la que necesitamos cuestionar. Que una práctica le guste a una persona no significa que tenga que gustarle a otra, y tampoco necesitamos decidir si esa práctica es correcta o incorrecta para hablar de lo que sucede entre ustedes.

En tu historia hay algo que me parece importante escuchar: tú ya le has dicho que esta práctica no te gusta y que prefieres que no la haga. Aun así, él continúa insistiendo y responde diciendo que sus exparejas la disfrutaban o que “todas las mujeres” terminan acostumbrándose.

Pero en sexualidad no podemos asumir el deseo del otro. Que una pareja anterior haya aceptado o disfrutado algo no nos dice absolutamente nada sobre lo que tú quieres. Y tampoco basta con pensar que algo se hace “con buenas intenciones”: cuando una persona nos dice “esto no me gusta”, esa información necesita ser escuchada.

También me llama la atención que tú misma señalas que lo que terminó molestándote especialmente fue descubrir que él nunca había preguntado a sus exparejas si realmente les gustaba; simplemente lo había supuesto. Ahí quizá vale la pena preguntarse qué está pasando entre ustedes cuando tú expresas claramente lo que sientes y él intenta convencerte de que deberías sentir otra cosa.

Un límite no necesita convertirse en una discusión sobre quién tiene razón. Puedes decir algo como: “Entiendo que para ti esto tenga un significado erótico o afectivo, pero a mí no me gusta y necesito que no lo hagas conmigo”.

Eso no implica rechazarlo a él ni avergonzarlo por algo que le excita. Significa poder diferenciar entre respetar su deseo y respetar el tuyo. En una relación sexual, ambas cosas tienen que poder coexistir.

Marilú Ávarez

Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.

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Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. / @marilu_psicoterapeuta