El reciente brote de sarampión en México ha reactivado las alertas sanitarias y generado dudas entre la población, especialmente en adultos mayores que no recuerdan haber sido vacunados o que nacieron antes de que la inmunización fuera obligatoria. La enfermedad, altamente contagiosa, puede provocar complicaciones graves si no se cuenta con protección adecuada.
Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han explicado que la protección contra el sarampión depende, en gran medida, del año de nacimiento y del historial de exposición al virus. Antes de la introducción de la vacuna, el sarampión era una enfermedad común en la infancia, lo que generaba inmunidad de por vida en quienes la padecían.

En México, la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y paperas) comenzó a aplicarse de manera sistemática a finales de los años setenta y se fortaleció en las décadas posteriores. Por ello, muchas personas mayores pudieron haber adquirido inmunidad natural al haber estado expuestas al virus durante su niñez.
¿Los adultos mayores deben vacunarse contra el sarampión?
De acuerdo con la UNAM, los adultos nacidos antes de 1957 generalmente cuentan con protección natural, ya que es muy probable que hayan tenido contacto directo con el virus cuando era endémico. En estos casos, no suele ser necesario aplicar la vacuna, salvo que exista alguna condición médica específica.

Sin embargo, para personas nacidas después de esa fecha, especialmente aquellas que no tienen certeza de haber sido vacunadas o que no cuentan con esquemas completos, sí se recomienda revisar su situación y, de ser necesario, recibir la vacuna para reducir el riesgo de contagio.
Los especialistas señalan que la vacunación es segura en adultos y que, ante brotes activos, se convierte en una medida clave para evitar la propagación del virus, sobre todo en comunidades donde la cobertura vacunal ha disminuido.

¿Por qué el sarampión vuelve a ser un riesgo en México?
El resurgimiento del sarampión está relacionado con la baja cobertura de vacunación, la movilidad internacional y la desinformación sobre los esquemas de inmunización. Al tratarse de un virus altamente contagioso, basta con que una persona infectada entre en contacto con una población vulnerable para que se generen nuevos brotes.
La UNAM subraya que mantener altos niveles de vacunación es fundamental para proteger no solo a quienes reciben la dosis, sino también a personas que no pueden vacunarse por razones médicas, como bebés o pacientes inmunocomprometidos.





