¿Te imaginas a Guillermo Ochoa como jugador de Pumas? Aunque parezca difícil de creer, el histórico guardameta del América estuvo a solo 30 minutos de convertirse en universitario. Una cuestión de horarios escolares cambió su destino y lo llevó a las filas de las Águilas, donde terminaría convirtiéndose en una leyenda del americanismo.
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En una entrevista con integrantes de la famosa agrupación musical Fuerza Regida, el cinco veces mundialista habló sobre su afición por el Atlas durante su infancia y cómo, por una cuestión de tiempo, terminó en la escuela de futbol del América en lugar de la de Pumas.
Jesús Ortiz Paz, vocalista de Fuerza Regida, le preguntó a Memo cómo terminó siendo aficionado del América si venía de Guadalajara, ciudad identificada con las Chivas. Ante esto, el exguardameta reveló que nunca sintió una pasión especial por el Rebaño Sagrado, a pesar de que tenía un tío que entrenaba con el conjunto rojiblanco.
A mis padres les gustaba el futbol, pero mi mamá no sabía nada de futbol, entonces, yo tenía un tío que entrenaba en el Guadalajara, en las Chivas, y yo iba a ver sus entrenamientos, pero nunca sentí esa pasión por las Chivas”, reveló el guardameta.
Por el contrario, Ochoa sentía una mayor cercanía con el Atlas, equipo al que acudía a ver cada dos semanas gracias a uno de sus mejores amigos, quien era aficionado de los Zorros y lo llevaba al estadio. Así fue como, durante su infancia, Ochoa comenzó a identificarse con el conjunto rojinegro, mucho antes de convertirse en uno de los máximos referentes del América.
Yo siempre iba con uno de mis mejores amigos, él era rojinegro, le iba al Atlas y cada 15 días íbamos al estadio y me hice del Atlas cuando era chico”, compartió.
Sin embargo, su destino cambió cuando tenía 10 años y se mudó a la Ciudad de México por cuestiones laborales de su padre. Aunque en ese momento todavía no imaginaba que llegaría a ser futbolista profesional, le pidió a su papá que lo inscribiera en una escuela de futbol. Fue entonces cuando estuvo a punto de comenzar su camino con Pumas, pero una diferencia de apenas 30 minutos lo llevó a elegir otra institución.
A los 10 años me fui a vivir a la Ciudad de México por trabajo de mi papá. En ese momento nunca creí que iba a jugar futbol, pero yo se lo pedí a mi papá, le dije: ‘Consígueme una escuela’ y estuve a 30 minutos de jugar en los Pumas”, recordó.
La razón fue el horario de los entrenamientos: la escuela de futbol de Pumas comenzaba a las 15:30 horas, mientras que la del América lo hacía a las 16:00. Como Ochoa salía de la escuela a las 14:30, no alcanzaba a llegar a tiempo a las instalaciones universitarias, por lo que su padre decidió inscribirlo con las Águilas y lo demás fue historia.
Ochoa se convirtió en un ídolo del americanismo y del futbol mexicano gracias a sus grandes actuaciones, especialmente en los Mundiales. Ahora, el próximo sábado 25 de octubre, Memo será homenajeado por las Águilas durante el partido en el que recibirán al Pachuca.

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