La famosa (y a veces temida) congestión vehicular de la Ciudad de México no solo es un mito urbano: datos recientes la ubican como una de las metrópolis con peor tráfico en el mundo, donde los tiempos de traslado se alargan considerablemente y los habitantes pierden docenas de días cada año atrapados en embotellamientos.

CDMX encabeza la lista mundial de tráfico
De acuerdo con el Índice de Tráfico 2025 de la empresa especializada en navegación TomTom, la Ciudad de México registró el nivel más alto de congestión entre 492 ciudades monitoreadas. Esto significa que los viajes diarios en la capital duran mucho más de lo esperado bajo condiciones de tráfico libres.
El resultado: los capitalinos perdieron aproximadamente 184 horas en el tráfico durante el año pasado, lo que equivale a poco más de 7.6 días completos atrapados en embotellamientos. Además, la velocidad media de circulación se ubicó en apenas 17.4 kilómetros por hora, un reflejo de lo lenta que puede ser la movilidad dentro de la ciudad.

Qué significa estar atrapado en el tráfico
Este alto nivel de congestión se traduce en trasladarse más tiempo para ir a trabajar, regresar a casa o incluso realizar actividades cotidianas. Para muchos, los trayectos que deberían tomar minutos pueden convertirse en horas, afectando la productividad, el descanso y la calidad de vida en general.
La problemática se agrava en horarios pico —como las mañanas y las tardes—, cuando miles de vehículos coinciden en las principales avenidas y carreteras urbanas, provocando lentitud extrema en el flujo de tráfico.

Factores detrás de la congestión
Expertos en movilidad señalan que el crecimiento urbano acelerado, el uso elevado de automóviles particulares y la presencia de obras o cierres viales son factores que intensifican la congestión en la capital. Incluso en algunas vialidades, el avance vehicular puede ser muy lento, con velocidades promedio de apenas 5 km/h en horas críticas, según reportes locales.
Además, manifestaciones, cierres por mantenimiento, servicios urbanos detenidos y accidentes también contribuyen a empeorar los embotellamientos diarios.





