“Cilita”, como le dice con cariño el presidente venezolano Nicolás Maduro, lleva más de 30 años de relación con el mandatario y más de una década como “primera combatiente” —título no oficial, pero simbólicamente poderoso— en uno de los gobiernos más cuestionados del continente.
Cilia Flores no es solo la esposa del presidente: es abogada, exprocuradora, expresidenta del Parlamento, diputada y asesora de alto nivel. Hoy, muchos la consideran la mujer más poderosa de Venezuela.
Y mientras todo eso pasa, Estados Unidos acusa a la pareja presidencial de estar al frente de un entramado de narcotráfico y armas. “Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, han sido acusados formalmente”, anunció Pam Bondi, secretaria de Justicia de EE.UU., agregando que “pronto enfrentarán todo el peso de la justicia estadounidense en suelo estadounidense y en tribunales estadounidenses”.

Abogada, diputada… y esposa del poder
Cilia nació en 1956 en Tinaquillo, pero se formó en las barriadas del oeste de Caracas. Se cruzó con el chavismo desde el inicio: mientras Maduro era parte del equipo de seguridad de Hugo Chávez, ella lo defendía legalmente en tribunales. “Yo siempre recuerdo de una asamblea en Catia y cuando un muchacho pide la palabra, habló y me quedé mirando. Dije ‘qué inteligente’”, recordó en el podcast de Maduro en noviembre de 2023.
En 2000 fue elegida diputada. En 2006 se convirtió en la primera mujer presidenta del Parlamento venezolano. Prohibió la entrada a periodistas y fue señalada por nepotismo, acusación que rechazó diciendo: “Sí ingresó mi familia por cualidades propias, me siento orgullosa y defenderé su trabajo las veces que haga falta”.

“Hija de Chávez” y aliada estratégica
Chávez la designó procuradora general en 2012. Estuvo con él en sus últimos días en Cuba, junto a Maduro, que ya era vicepresidente. Luego, llegó la sucesión. El chavismo vivía disputas internas y, según politólogas como Carmen Arteaga y Estefanía Reyes, el rol de Flores fue clave para que Maduro tomara el control del partido y del país. “Es el poder detrás del trono”, dijo Arteaga a CNN.
Se casaron en 2013, después de más de 20 años juntos. Desde entonces, ella bajó el perfil, pero nunca dejó de influir.

¿Primera dama o “primera combatiente”?
El título de “primera dama” fue desechado por Maduro, que prefirió llamarla “primera combatiente”, asegurando que lo otro era un “concepto de la alcurnia”. Sin embargo, su rol simbólico se mantiene: causas sociales, apoyo al presidente, imagen maternal y carismática. “En lo simbólico, sigue estando atada a las restricciones de género”, advierte Reyes.
Para Nastassja Rojas, de la Universidad Javeriana, “el chavismo traiciona todo lo que habían criticado al ponerla como primera combatiente. Lo que ahora proyecta es una persona que es pareja del presidente, que lo acompaña”.





