Fermín Spínola conquista la México tras cortar rabo
HERIBERTO MURRIETA
El matador mexiquense Fermín Spínola justificó plenamente su inesperada inclusión en la Temporada Grande capitalina al conquistar ayer las orejas y el rabo del magnífico toro ‘Príncipe’ de la ganadería de Los Encinos.
Es el rabo número 127 que se corta en la historia de la Monumental Plaza México, y el segundo que se obtiene de un toro de esta vacada queretana en lo que va de la campaña; satisfacción grande para el criador Eduardo Martínez Urquidi, que siempre ha apostado por el toro bravo, con raza y transmisión.
Desde el capote, el toro de regalo apuntó movilidad y recorrido. Spínola llevó al cárdeno al caballo por chicuelinas andantes y con la muleta realizó una faena sobria de importante contenido, en la que aprovechó el lado derecho, que era el mejor del excelente ejemplar.
Sin buscar la vía fácil del indulto para asegurar el triunfo y sin voltear a ver al juez, se tiró a matar, dejando un estoconazo que hizo rápidos efectos. Tras valorar la petición mayoritaria, Jorge Ramos, que había mostrado primeramente los dos pañuelos, a final de cuentas asomó el de color verde, concediéndole así el rabo del toro, al cual merecidamente se premió con el arrastre lento a sus restos.
Con los dos toros de lidia ordinaria de la ganadería de La Soledad, que brindaron poco juego, Spínola se mostró como un torero firme y sobrio que tiene la técnica bien aprendida y los recursos a flor de piel. Como era de esperarse, al pensar en un toro de regalo, prefirió el de Los Encinos. En su primer turno saludó desde el tercio.
Tarde grande del centauro navarro Pablo Hermoso de Mendoza. Tuvo una buena actuación con el toro de Los Encinos que abrió plaza, pero mató hasta el tercer viaje, esfumándose así la posibilidad de tocar pelo; pero la faena importante llegó en el cuarto de la tarde, de la misma procedencia que el anterior, con el que realizó una faena que fue de menos a más y que en medio de su afinado sentido del temple y el espectáculo, alcanzó su mejor momento con un soberbio par de banderillas a dos manos, suerte con tatuaje mexicano que inventó el legendario
Ponciano Díaz.
Aprovechando que ése fue el momento cumbre de su actuación, se tiróa matar inmediatamente, dejando el rejón de muerte en todo lo alto. Paseó dos merecidas orejas en la vuelta al redondel, dejando entre los espectadores el convencimiento de que en Hermoso existe un fenómeno que marca la pauta, atesora el don de la personalidad y es un innovador histórico del arte del toreo a caballo.
Hermoso nos recordó que cuenta con corceles veloces en el primer tercio, cuando el toro está entero y acomete con mayor viveza y prontitud, y que cuenta también con magníficos aliados que galopan de costado en el tercio de banderillas.
José Mauricio, que repetía tras realizar una artística faena a un toro de Xajay el domingo anterior, se estrelló con dos toros a contraestilo, dejando para el recuerdo apenas unas cuantas pinceladas de su limpio estilo de toreo.
Los toros de La Soledad dieron pocas posibilidades de éxito, mientras que de los tres toros de Los Encinos destacaron el cuarto y especialmente el séptimo de la jornada, celebrada ante unos 25 mil espectares en tarde fresca con lluvia intermitente.
Para el próximo domingo, la empresa anuncia un cartelazo con Eulalio López ‘Zotoluco’, José María Manzanares y Joselito Adame, con toros de la ganadería de Julián Hamdan.