Rodgers borra la sombra de Favre en Green Bay
ULISES HARADA
Por fin Aaron Rodgers puede sacudirse el fantasma de Brett Favre que lo opacó durante las primeras seis temporadas en su carrera, ya que no sólo le dio a los Empacadores su cuarto triunfo en el Super Bowl, si no que logró algo que su antecesor nunca pudo: ser el Jugador Más Valioso de este partido.
Con su actuación, los fanáticos de Green Bay ya no extrañarán al ‘General’ Favre. Rodgers completó 24 de 39 pases para 304 yardas y tres anotaciones, y se vio como un veterano en contra de una de las defensivas más agresivas de la NFL.
Esa actuación fue mejor estadísticamente que los números que Favre en las ediciones del Super Bowl XXXI y XXXII, además de que el rating de 111.5 puntos que logró es el segundo mejor en la historia de un quarterback de Green Bay en un Super Bowl, sólo detrás de la gran actuación de Bart Starr en la edición I.
A pesar de que ha declarado en repetidas ocasiones que nunca ha sentido presión por el legado que dejó Favre antes que él en Green Bay, Rodgers se consagró como un quarterback histórico con este triunfo, y a partir de este momento puede escribir su nombre con el de las leyendas de una de las franquicias con más tradición e historia de toda la NFL.
Rodgers no sólo se quiere quedar con su anillo del Super Bowl XLV, ya que minutos después de que su equipo venció a los Acereros, el ex quarterback de la universidad de California ya está pensando en conseguir el campeonato el siguiente año, construyendo su propio legado en la NFL.
El número 12 no sólo ya se ha ganado a todos los aficionados de los Empacadores, sino que también ya forma parte de las conversaciones entre los mejores quarterbacks de la NFL, junto con Tom Brady, Drew Brees, Peyton Manning y Philip Rivers. Desde que tomó las riendas del equipo en la temporada 2008, Rodgers ha convertido a Green Bay en una franquicia contundente.
Acabó con Pittsburgh
Rodgers logró desmantelar a la defensiva de Pittsburgh, dirigida por el estratega Dick LeBeau, una de las mejores de la década, atacando la zona de los esquineros, principalmente a Bryant McFadden.
El plan de juego consistió en pases rápidos. La precisión de Rodgers fue clave para vencer a la agresiva defensiva de los Acereros, ya que en muchas ocasiones puso pases perfectos pese a la buena marca, como fue el caso del primer envío de anotación a Greg Jennings.
Aún así, el quarterback aprovechó la precisión de las rutas de sus receptores para mantener el ritmo de la ofensiva del partido.
Pittsburgh, quien cerca del 60 por ciento de las jugadas defensivas mandó alguna especie de disparo, dejó descuidada las zonas cortas del terreno de juego, por lo que Rodgers lanzó 25 de sus 39 pases a dicha zona y completó 17 de esos envíos para 144 yardas y un touchdown.
La clave fue utilizar la agresividad de Pittsburgh para abrir espacios para el juego aéreo, ignorando casi la ofensiva terrestre.
Rodgers también aprovechó para atacar el hueco que quedó en la defensiva entre la zona de los linebackers y los safeties. Tanto James Farrior como James Harrison tuvieron que cubrir a velocistas como James Jones, Greg Jennings y Jordy Nelson, y muchas veces fracasaron.
El planeamiento ofensivo de Green Bay fue casi perfecto. Aprovechó la calidad de sus receptores para abrir la defensa, por lo que ejecutó 38 de 55 jugadas ofensivas con tres o más receptores.