Saúl y Mauro: Insignes
Tengo casi 50 años de edad; no jodas que veterano estoy, y toda mi vida desde que tengo escasa cognición, he estado vinculado al deporte. Durante alguna época de mi vida en la que tuve la fortuna de jugar a la pelota fui resolviendo los galimatías que se me presentaban como mejor podía, sin tanta conciencia de lo que iba decidiendo.
Penosamente no fui tan capaz de disfrutar la odisea, pasaba todo tan rápido que el gozo no fue tan profundo como me habría gustado. La vida me ha hecho ir más lento, me ha obligado a ser más consciente de las bondades que tengo a mi alrededor tanto humanas como laborales, y en este último tópico, me he reconocido disfrutando sobremanera a diversos deportistas de estirpe. Este fin de semana me topé con dos atletas de alto rendimiento que consiguieron extasiarme desde mi nueva y gustosa posición de aficionado de sofá.
Uno de ellos fuiste tú Saúl Álvarez, yo apostado en Malinalco con mi familia, y tú desde Las Vegas nos hiciste vivir una magnífica velada. Cada vez que escribo sobre algún deporte que está fuera de mi redondel de conocimiento aclaro que soy neófito en la materia, esto con tal de evitar la molestia de los puristas y el famoso círculo rojo. El boxeo es una de muchas especialidades que me gustan, pero que sé de mi limitado discernimiento, situación que no me exime en lo absoluto de regocijarme y expresar mi opinión, máxime que de deporte de alto rendimiento sí sé alguna que otra cosita.
Tú Saúl Álvarez tuviste una de tus mejores noches como pugilista, esto dicho por la mayoría de los conocedores del tema. Por más que le joda a muchos, eres un ídolo, y por ende tienes millones de seguidores y millones de detractores, de entrada, qué delicia que no seas un cualquiera y pases desapercibido, tu prestigio sufrió una bestial y merecida alza. Desde siempre has manifestado una brutal seriedad con tu profesión, no dejas nada al azar, eres un hombre sumamente respetuoso con tu deporte, trabajas como el que más, y llevas al límite tus habilidades.
La noche del sábado con mi cubita sudada en mano, hecha con ron Abuelo de Panamá, sencillamente exquisito, te observé como un descomunal gladiador, sin duda te topaste con otro descomunal gladiador como Gennady Golovkin, quien exhibió que también es un coloso del boxeo. Dos próceres en búsqueda de la gloria, con armas e ideas distintas que no se guardaron nada. Escuchando durante la pelea a las experimentadas voces del boxeo como ustedes, Julio César Chávez, Eduardo Lamazón, Marco Barrera, Carlos Aguilar y Rodolfo Vargas, y viendo tu performance, concluí que contigo, Saúl Álvarez, estamos en presencia de un boxeador evolucionado, que expuso no solamente valentía, la esencia de tu deporte así te lo demanda, sino inteligencia y estrategia, aunada a tu conocida voracidad.
En lo particular me sentí muy orgulloso de ver a un honorable mexicano fajarse como lo hiciste, estar en un momento cumbre y no rehuir a la batalla, insisto, de estilos y maneras no sé un carajo, pero tu ferocidad la palpamos todos, la contagiaste. Eres un ganador de cepa, y con eso no se nace, eso no se obtiene en botica, esa virtud hay que irla desarrollando en cada sesión de entrenamiento, cosa que tú haces. El polémico empate no puede ni debe desde ningún punto lastimar un ápice tu grandeza, disfrútala, la mereces, la has gestado, y lo mejor de todo es que se te viene lo mejor, apenas tienes 27 años y ya eres un adonis del boxeo.
El otro personaje que me hizo sonreír el fin de semana fuiste tú Mauro Boselli, 100 pirulos con el saleroso León, monstruosa cifra de anotaciones, siendo lo más importante cómo las has conseguido. Estoy cierto que me gustan mucho más las maneras como haces los goles, que los goles en sí. Tu elegancia para jugar al balón me remite a uno de mis jugadores favoritos de la historia, guardando distancias y proporciones, tu enorme clase para moverte en el campo de juego me recuerda al gran Marco Van Basten.
Eres sumamente distinguido, da la impresión que no sudas ni te acongojas, podrías usar el mismo uniforme todos los domingos sin necesidad que se lavara, ya que no necesitas esforzarte sobremanera, todo lo haces de forma natural, siempre erguido. Eres un delantero de abolengo, de alcurnia, de soberano linaje, así te percibo, en lugar de futbolista podrías ser jugador de polo de cualquier casa real, en un ejercicio de fantasioso, te imagino apostado en el trono de la Casa de su Majestad el Rey Boselli. Eres un jugador técnico por todos los costados analizables, eres pulcro con la derecha, con la izquierda, y jugando de espalda a la portería, tu remate de cabeza es lapidario, y tu intuición para moverte en sentido opuesto de donde proviene la pelota es digno de un manual.
Gracias, Saúl y Mauro, por sus artísticos y poderosos malabares, por su sed de triunfo que purifica, por ser terriblemente rigurosos con su trabajo, por hacernos vibrar sin reparo y por conseguir que amemos el deporte sin importar la especialidad. Cada uno desde su noble y diferente trinchera, el fin de semana pasado tuvieron a bien recordarnos que son un par de genios, carajo.