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Sebastián Rulli defiende las telenovelas mexicanas ante el auge de los K-dramas con "Mi rival"

El actor habla de la evolución del melodrama, una historia polémica y por qué el amor sigue siendo el centro de todo

En medio del ritmo acelerado de las plataformas digitales, donde todo compite contra el scroll, Sebastián Rulli se detiene un momento, piensa y responde sin prisa. En entrevista para CONTRA habló del melodrama como quien lo ha vivido por años, pero también como alguien que entiende que el juego ya cambió.

El actor presenta Mi rival, un proyecto que no solo suma a su carrera, sino que también refleja la transformación de un género que ahora busca sobrevivir —y destacar— en la era digital.

Rulli es Renato Tirado en "Mi Rival". / @sebastianrulli

Historias más rápidas, emociones más directas

Rulli lo tiene claro: hoy las historias ya no se cuentan igual. El público tampoco consume igual.

Las pausas largas, los tiempos extendidos… eso quedó atrás. Ahora todo ocurre casi al mismo tiempo, como si el espectador hiciera zapping sin cambiar de pantalla.

Las tramas llegan desde el papel con otro ritmo, más directo, más intenso. Cada escena tiene que sostener la atención, provocar algo, mantener “las endorfinas arriba”, como él mismo lo describe.

Y en ese contexto, su forma de trabajar no ha cambiado tanto como podría pensarse. Más bien, se ha adaptado.

Para él, cada proyecto sigue siendo el primero y el último. No hay espacio para pensar en el pasado ni en lo que viene. Solo en el presente… y en hacerlo al 100%.

Sebastián Rulli protagoniza "Mi Rival" junto a Alejandra Barros y Ela Velden. / @sebastianrulli

Entre K-dramas y telenovelas: el amor como idioma universal

Mientras las pantallas mexicanas se llenan de producciones internacionales —rostros perfectos bajo la lluvia de Seúl o pasiones imposibles en Estambul—, el melodrama mexicano resiste. Se transforma. Respira distinto. Pero no desaparece.

Para Rulli, no se trata de competencia, sino de lenguaje.

Cambian los escenarios, las caras, los códigos culturales. Pero el fondo —lo que realmente conecta— sigue siendo el mismo, el amor:

“Están poniendo por delante el amor. El melodrama es eso: un cuento cuyo hilo conductor es el amor”, explica.

Y entonces todo encaja.

No importa si la historia ocurre en una calle de la Ciudad de México o en un café de Seúl: el corazón humano entiende el mismo lenguaje.

Y en ese terreno, las telenovelas mexicanas todavía tienen algo que decir. Su identidad, su forma de contar, ese romanticismo tan propio que —para él— ha llevado al melodrama nacional a ser reconocido en todo el mundo:

“El folclor, la tradición latina, la forma de ser de los mexicanos… es muy bonita, muy romántica”, dice.

¿Más libertad o solo otro tipo de público?

Con las plataformas, también llega la idea de que ahora se puede contar “todo”. Más intensidad, más riesgo, menos filtros. Pero Rulli pone un matiz importante.

No se trata solo del formato, sino del público al que va dirigido. La televisión abierta siempre pensó en la familia, en lo que podían o no ver los más jóvenes. Las series, en cambio, permiten moverse en otros terrenos. En realidad, no es que una sea más libre que la otra, es que hablan con audiencias distintas.

Una historia incómoda: madre, hija… y el mismo hombre

Si hay algo que atrapa de Mi Rival, incluso antes de verla, es su premisa.

Una madre y su hija enamoradas del mismo hombre.

Incómoda, polémica, difícil de ignorar. Rulli no la esquiva. Al contrario, la aterriza: la ficción, dice, muchas veces se queda corta frente a la realidad.

"Mi Rival", una serie de ViX. / Cortesía ViX

La historia que ya se encuentra disponible en ViX desde el pasado 20 de marzo y llegará al canal de Las Estrellas un mes después, se desarrolla a lo largo de 52  capítulos cargados de intensidad, donde cada personaje —incluso los más cuestionados— tiene una razón de ser.

Para el actor, ahí está una parte del poder del melodrama; incomodar, confrontar, ilusionar y desilusionarse para volverse a ilusionar con la historia.

Cada personaje tiene su motivo, su historia, su herida. Y entenderlos implica ir más allá del juicio inmediato.

Renato: sobrevivir sin perderse

En esta historia, su personaje, Renato Tirado, viene de un pasado duro. Creció en las calles de la Ciudad de México, pero hay algo en él que nunca se rompió: su esencia.

Es alguien que, a pesar de todo, eligió confiar. En sí mismo, en el destino, en hacer lo correcto incluso cuando no era lo más fácil.

Para Rulli, ahí está el verdadero valor del personaje: la resiliencia.

Un hombre que, pese a todo, no pierde la línea entre el bien y el mal.

Caballos, tierra… y un reto personal

Si hay algo que conecta directamente al actor con Renato, no tiene que ver con el pasado, sino con algo mucho más íntimo: los caballos.

Desde niño, cuenta, han sido su animal favorito.

Pero interpretar a un charro no fue solo un detalle estético. Implicó preparación, disciplina y enfrentarse a algo que no había explorado antes.

Un reto que, admite, disfrutó más de lo que esperaba.

"Me ha encantado montar y en este caso representar a un charro. Creo que fue mi mayor reto porque nunca había tenido la posibilidad de disfrutar de estas destrezas", cuenta para CONTRA.

Entre Boca y el América

Ya fuera del drama, la charla se relaja.

Rulli recuerda su infancia en Argentina y su cercanía con Boca Juniors. En México, la historia cambió un poco: hoy simpatiza con el América, en gran parte por influencia de su hijo.

No es un fanático intenso, pero sí alguien que disfruta el fútbol cuando el momento lo amerita, como un Mundial.

Al final, Mi rival no solo suma una historia más a la trayectoria de Sebastián Rulli. También confirma algo que, pese a todos los cambios, sigue vigente:

El melodrama evoluciona, se adapta, se acelera… pero nunca deja de girar alrededor de lo mismo.

El amor.