Andy Murray, rey de Miami
EFE
El británico Andy Murray escapó de la derrota y, en un duelo lleno de errores, del cual que logró salvar un punto de partido, sumó el título 26 de su carrera, el segundo este año, al vencer al español David Ferrer por 2-6, 6-4 y 7-6 (1) en la Final de Miami.
El denominado "Quinto Grand Slam" continúa inasequible para el tenista español, quien lleva ya seis finales en busca de este trofeo sin éxito. Murray, en una extraña final, con altibajos por ambos lados, y con 15 roturas, siete de ellas en el último parcial, revalidó el título obtenido en 2009, después de dos horas y 45 minutos de lucha, y recuperó el segundo puesto mundial, que ya disfrutó tres semanas en agosto de 2009.
Ferrer tuvo el partido en su mano en el duodécimo juego del tercer set (6-5), cuando, después de haber tenido que recurrir tres veces al fisioterapeuta de la ATP por calambres en la parte externa del muslo izquierdo, dispuso de bola de partido.
En esa jugada tomó una decisión equivocada, al pedir la última revisión de "Ojo de Halcón" que le quedaba en una bola dudosa a la línea de fondo del escocés. La bola dio claramente dentro y la oportunidad de Ferrer se esfumó porque, en el desempate, el español apareció derrotado, cansado y con demasiados fallos, y Murray lo tuvo fácil para imponerse con claridad.
"Ahora estoy un poco triste, pero Murray también se lo ha merecido", admitió Ferrer en la entrega de trofeos, al referirse al punto que pudo cambiar el partido y con el que pudo acabar su mala racha en finales contra jugadores situados entre los cinco primeros del mundo, 0-13 ahora.
Esa victoria coloca a Murray en el segundo puesto de la ATP, sólo superado por el serbio Novak Djokovic; el suizo Roger Federer baja a la tercera posición y el propio Ferrer recupera el cuarto puesto, por delante de su compatriota Rafael Nadal.
El partido comenzó claramente de cara para el español, quien, tras salvar dos puntos de rotura en el primer juego, se colocó con ventaja de 5-0. Murray, fuera de la pista, cometió 19 errores no forzados pare entregar este parcial.
Ferrer falló la misma cantidad de veces en el segundo set y el británico empató el encuentro.
El tercero fue una constante ruleta rusa, con seis roturas consecutivas y varios puntos disputados hasta la extenuación, uno de ellos con 29 intercambios. El físico de Ferrer, que casi siempre lo hace tener dominio sobre sus rivales en aquellos partidos que se alargan, le pasó factura esta vez.
Murray sacó provecho de esa resurrección, tuvo la serenidad y la experiencia para materializar una victoria que le otorgó la copa del Masters 1000 de Miami.