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Bajo el velo del engaño…

Columna David Faitelson 16-12-2016

Corrió, metió, luchó y sudó hasta donde le alcanzó. No tenemos nada que recriminarle al América. Hizo lo que pudo. Lo que está a su alcance, a su dimensión, a su tamaño, a su nivel.

Lo peor de todo es que dio lo mejor de sí y no le alcanzó.

¡Que frustración! El Real Madrid está mucho más allá.

Pero la fresca madrugada en Yokohama volvió a recordarnos para qué está y qué persigue el futbol mexicano: un acercamiento hacia las grandes potencias del futbol.

¿Qué tan lejos o qué tan cerca está? Ésa es la pregunta que debemos responder.

El año que se extingue nos dejó dos momentos en los que el futbol mexicano pudo probarse ante un nivel más desarrollado del juego.

En selecciones, debió ser la Copa América del Centenario, donde el resultado fue parte de un humillante y escandaloso marcador de 7-0 ante Chile.

A nivel de clubes, tuvo que ser lo que ocurrió en el amanecer del jueves en Japón. El América corriendo, luchando, pero siendo claramente superado por el Real Madrid, el mejor equipo de futbol del mundo.

La distancias existen. Prevalecen, a pesar de todo.

Podemos pretender vivir ‘bajo el velo del engaño’ y mentirnos a nosotros mismos.

“Fue más un accidente”, repite casi inconscientemente el entrenador de México, Juan Carlos Osorio cuando habla del episodio ante Chile por la Copa América.

Y Ricardo La Volpe, el entrenador del América, desde Japón, cae en el absurdo, en la mentira total y rotunda: “Fue un partido parejo. No fuimos contundentes…”.

Entiendo que, algunos, forzados por los intereses o quizá obligados por la necesidad de mantener un sustento pueden decir cualquier cantidad de mentiras, pero no se trata de eso: engañarnos no sirve de nada.

El Real Madrid fue muy superior al América. Le pudo haber hecho 3 o 4 goles, sin problema alguno. Es más, por momentos pareció jugar a ‘medio gas’ sólo para pasar el trámite.

El América fue un equipo ‘todo corazón’ y entrega, pero con eso no alcanza más en nuestros tiempos, ha dejado de alcanzar sólo con ese tipo de argumentos en la cancha.

Y la Selección Mexicana, más allá de que fue parte de un de marcador lleno de circunstancias, no tiene hoy argumentos para pararse ante las grandes potencias del mundo y jugarles de manera competitiva.

Lo de Yokohama, lo de Santa Clara, son sólo recordatorios de que el futbol mexicano debe seguir trabajando para acercarse al nivel competitivo de los grandes clubes y selecciones del mundo.

Podemos escoger eso: seguir luchando, mejorar al futbolista mexicano, trabajar para que la Liga sea más competitiva y tratar de exportar más futbolistas a las mejores competiciones del mundo, o podemos escoger el engaño, la mentira, y vivir ‘bajo el velo’ de nuestra propia ficción, de futbol que creemos que tenemos y que no tenemos.