Talavante volvió a seducir a La México
HERIBERTO MURRIETA
Ya metido en un romance con el sensible público de la Plaza México, Alejandro Talavante cortó dos merecidas orejas y lo más importante, volvió a dejar huella este domingo, durante su tercera actuación de la Temporada Grande.
El badajocense trazó pases de excelente factura con un toro noble, de dulces embestidas, de la ganadería guanajuatense de ';La Estancia';, que enviaba su primera corrida de cuatreños a La México.
Talavante, enemigo del toreo utilitario, actuó según se lo iba dictando su inspiración. Después de un pinchazo en lo alto, hundió todo el estoque en buen sitio y cortó una oreja.
Otra obtuvo del quinto, un toro que no rompió y no regalaba nada, en una faena con pinceladas de su arte muy personal, pero no tan acabada como la primera.
Rafael Ortega desatendió la prescripción médica que le recomendaba no poner banderillas, pues sigue convaleciendo de una dolorosa operación en una mano, y cubrió el segundo tercio en sus dos turnos con pundonor y ganas de agradar.
Lamentablemente, el que abrió plaza tenía calidad pero poca fuerza, y el cuarto de plano era un inválido que no podía desplazarse y se derrumbaba constantemente.
Y el michoacano Juan Chávez, que pechó con el lote más serio, estuvo técnicamente correcto con el tercero de la función, que acabó rajándose y doblando contrario, y esforzado con el sexto, que se paró pronto.
Al ganadero Alejandro Martínez Vértiz Riquelme le queda la tarea de indagar el por qué de la debilidad de sus toros, dos de los cuales, primero y segundo, atesoraron gran calidad.