A 52 días del Mundial: El uruguayo naturalizado mexicano, Edgardo Codesal, pitó la Final de Italia 1990 que se definió con polémico penalti
Dicen que si los recintos hablaran tendrían sin duda las mejores anécdotas del futbol. Uno que puede presumir tener una tan polémica que casi 30 años sigue siendo recordadas por Argentina y Alemania, es el Estadio Olímpico de Roma, sede de la gran final de la Copa del Mundo de Italia 1990, pitada por nada más y nada menos que un mexicano.
Una revancha poética
En el nacimiento de la década de los 90’ s, Argentina aún presumía su última Copa del Mundo, la cual levantaron cuatro años atrás en el Mundial de México 1986 con un gol que no desvío contar con por una mano de su ídolo, Diego Armando Maradona.
Por otro lado, en el continente europeo, los alemanes aún sufrían lo sucedido en la cancha del mítico Estadio Azteca, sin saber que la revancha llegaría más pronto de lo que se podía imaginar y de manera casi poética, con una presencia mexicana.
Tras eliminar al anfitrión, Italia, desde los penales, Argentina caminaba rumbo a su tercera estrella, la segunda de manera consecutiva, por lo que los actuales campeones se sentían imparables en Nápoles. Un día después, desde Turín, Alemania empató con Inglaterra, pero hacían lo propio desde los 11 pasos para llegar a su tercera final de manera consecutiva.
Con la sede lista en Roma y con los dos protagonistas listos, solo faltaba al referí del encuentro, el encargado de impartir la justicia y el orden durante los 90 minutos. Tras la espera, la FIFA designó a Edgardo Codesal, silbante nacido en Montevideo, Uruguay, pero nacionalizado mexicano.
Edgardo Codesal, héroe alemán, villano argentino
La final no fue más que lo esperado, dos equipos que iban a matar o morir, aunque con la balanza inclinada para los germanos. Alemania llegó 24 heces al área rival, pero solo dos disparos fueron a la portería. Por su parte, Argentina se encargó de golpear y detener al rival de la forma que fuese, causando las expulsiones de Pedro Monzón al minuto 65 y de Gustavo Dezotti al 87.
Sin embargo, la falta más importante llegó a los 85 minutos, cuando una entrada del lateral, Roberto Sensini sobre Rudi Völler, terminó siendo sancionada como penal, el mexicano no dudó e hizo sonar su silbato, causando una guerra dentro del campo.
Al final, Andreas Brehme venció desde los 11 pasos a Sergio Goycochea, marcando el único gol del partido y el decisivo para el campeonato mundial, que está vez ni la magia de Diego Armando Maradona pudo evitar. Tras el final, el mexicano Edgardo Codesal quedó enmarcado como el silbante que detuvo el bicampeonato albiceleste, e impulsó su larga sequía sin el máximo galardón a nivel de selecciones.
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