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Artemis II: Todo lo que los astronautas hacen antes, durante y después de orbitar La Luna

Los cuatro astronautas elegido por la NASA para viajar a la Luna | AP
La misión marca el regreso de astronautas al entorno lunar y pone a prueba todo lo necesario para vivir en un lugar donde el cuerpo humano no está diseñado para existir

La misión Artemis II forma parte de un programa con el que la NASA busca retomar la exploración humana más allá de la órbita terrestre, algo que no ocurre desde Apollo 17, en 1972, cuando se realizó el último viaje tripulado al entorno lunar.

Astronautas del Artemis II se dirigen a la Luna en la primera misión lunar de la NASA en décadas. / AP

A diferencia de aquellas misiones, este nuevo vuelo no intentará aterrizar en la Luna. Su objetivo es comprobar que todos los sistemas funcionan correctamente con seres humanos a bordo antes de intentar un descenso en futuras misiones. En términos prácticos, se trata de un ensayo completo en condiciones reales.

La nave en la que viajan, Orion, es impulsada por el cohete Space Launch System. Según documentos técnicos de la NASA, durante el vuelo se evaluarán sistemas clave como la navegación, la comunicación con la Tierra, el soporte vital y la respuesta ante fallos.

La trayectoria será de “retorno libre”, lo que significa que la nave rodeará la Luna y regresará aprovechando su gravedad, una medida de seguridad que permite volver incluso si se pierde el control activo.

Los astronautas: quiénes son y cómo se eligen

La tripulación está compuesta por cuatro astronautas seleccionados tras un proceso que, según la propia NASA, evalúa años de experiencia profesional, capacidades físicas y estabilidad emocional.

El comandante será Reid Wiseman, acompañado por Victor Glover como piloto, Christina Koch como especialista de misión y Jeremy Hansen, representante de la Agencia Espacial Canadiense.

Todos han pasado por misiones previas o entrenamientos prolongados que los preparan para tomar decisiones bajo presión y convivir durante días en un espacio reducido sin posibilidad de rescate inmediato.

Convertirse en astronauta implica un proceso largo y exigente. De acuerdo con lineamientos públicos de la NASA, los candidatos deben contar con formación en áreas como ingeniería, ciencias o aviación, además de cumplir con estrictos estándares médicos. Posteriormente, atraviesan años de entrenamiento que incluyen simulaciones de emergencia, vuelos de gravedad cero y prácticas en entornos extremos.

La tripulación está compuesta por cuatro astronautas. / AP

En el caso de Artemis II, esta preparación se intensifica porque la misión se aleja más de la Tierra que las operaciones habituales en estaciones espaciales, lo que obliga a una mayor autonomía.

Preparación: el cuerpo y la mente antes del despegue

Antes del viaje, la preparación física responde a un problema concreto: el cuerpo humano no está diseñado para vivir sin gravedad.

Informes médicos de la NASA explican que en microgravedad los músculos se debilitan y los huesos pierden densidad rápidamente. Para contrarrestarlo, los astronautas entrenan durante años con rutinas intensivas y simulaciones en agua que imitan la ingravidez.

Cada movimiento se practica con precisión, ya que en el espacio no existe el peso que en la Tierra estabiliza al cuerpo.

El aislamiento, la convivencia constante y la distancia con la Tierra pueden afectar la estabilidad mental, según la NASA. / AP

A la par, la preparación emocional se ha convertido en un eje central. La NASA ha documentado que el aislamiento, la convivencia constante y la distancia con la Tierra pueden afectar la estabilidad mental. Por ello, los astronautas reciben entrenamiento psicológico y participan en simulaciones de encierro prolongado. Durante la misión, además, mantienen comunicación con especialistas en la Tierra para monitorear su estado emocional.

Vivir en el espacio: rutinas, comida, sueño y lo básico para sobrevivir

Una vez en el espacio, la vida cotidiana deja de ser automática. Todo está programado. Según guías operativas de agencias espaciales como la Agencia Espacial Europea, los astronautas siguen horarios estrictos que organizan cada minuto del día: trabajo, ejercicio, alimentación y descanso. En Artemis II, este control será aún más preciso debido a la trayectoria que deben seguir para garantizar el regreso seguro.

El ejercicio físico es indispensable. La NASA indica que los astronautas deben entrenar alrededor de dos horas diarias para evitar la pérdida de masa muscular y ósea. Aunque el espacio dentro de la nave es limitado, existen dispositivos diseñados para simular esfuerzo físico mediante resistencia, lo que permite mantener el cuerpo en condiciones funcionales.

La alimentación también está diseñada para el entorno. De acuerdo con la Agencia Espacial Europea, los alimentos son deshidratados o empaquetados para evitar que se fragmenten y floten dentro de la nave, lo que podría afectar los sistemas. Además, la NASA ha documentado que el sentido del gusto cambia en microgravedad, lo que lleva a los astronautas a preferir sabores más intensos.

Funciones básicas como ir al baño requieren tecnología especializada. Manuales de la NASA explican que los sistemas utilizan succión en lugar de gravedad, y que los líquidos son reciclados para convertirse nuevamente en agua potable. Dormir implica adaptarse a una condición completamente distinta: según la Agencia Espacial Japonesa, los astronautas descansan en bolsas sujetas a las paredes para evitar flotar, en un entorno con ruido constante y ventilación controlada.

La higiene personal se resuelve sin agua corriente. La Agencia Espacial Europea describe el uso de toallas húmedas y ropa desechable como una solución práctica en un entorno donde los recursos son limitados. Incluso detalles como el olor forman parte de la experiencia: astronautas de misiones anteriores han señalado que los trajes espaciales pueden desprender aromas similares al metal caliente tras exponerse al vacío.

Los astronautas Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, el piloto Victor Glover, el comandante Reid Wiseman y la especialista de misión Christina Koch. / AP

Riesgos, emergencias y el regreso a la Tierra

En caso de emergencia, la misión cuenta con protocolos definidos. La NASA establece procedimientos para incendios, fugas de aire o fallos del sistema. La nave está diseñada para regresar automáticamente a la Tierra mediante una trayectoria de retorno libre si se pierde el control, lo que garantiza una vía de escape en situaciones críticas.

El regreso no marca el final del proceso. Estudios de la NASA indican que los astronautas pueden experimentar mareos, debilidad y problemas de equilibrio tras la misión.

La rehabilitación comienza de inmediato para readaptar el cuerpo a la gravedad. Además, muchos reportan cambios en su percepción del planeta tras observarlo desde la distancia.

Artemis II no es solo un recorrido alrededor de la Luna. Es una prueba de hasta qué punto el ser humano puede sostenerse fuera de su entorno natural. Comer, dormir, moverse o respirar dejan de ser actos automáticos para convertirse en procedimientos técnicos. En el espacio profundo, la vida no ocurre por inercia: depende de preparación, disciplina y sistemas diseñados para que el error no tenga consecuencias irreversibles

La misión Artemis II ha comenzado. / AP