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"¡Fuera Osorio!" ¿A dos semanas?

Tuve la oportunidad de ver diversos videos del partido de despedida de la Selección Mexicana en el Estadio Azteca, en el que la gente se sumó al grito “¡Fuera Osorio!”.

Este grito lo escuché hace varios años, gritaban “¡Fuera Bora!” al terminar la Eliminatoria mundialista de Francia 1998, era para Bora Milutinovic quien había logrado de forma invicta el deseado pase en primer lugar.

¿Por qué nos manifestamos de esta forma cuando no se cumplen las expectativas generadas, aunque sí se den los resultados?

Es parte del arraigo de nuestra cultura desafirmadora (de la que he escrito en esta columna en varias ocasiones) y que en esta ocasión se expresa de manera masiva.

La cultura desafirmadora es la que se caracteriza por denotar, atacar y minimizar lo bueno y engrandecer los factores negativos.

Es un mensaje que se da de forma irreflexiva y, a mi parecer, llega a ser muy autodestructivo.

Independientemente de los aspectos técnicos del futbol que ya analizarán los especialistas sobre el desempeño del equipo en la cancha, yo quiero hablar del efecto que generan estas conductas colectivas de desafirmación y desaprobación en los jugadores, cuerpo técnico y en la afición misma.

Si pueden observar los videos del día del partido, verán a familias enteras y a personas de todas las edades gritando de manera conjunta en la despedida de la Selección.

¿Realmente queremos que el técnico Osorio se vaya de la Selección a dos semanas del Mundial? ¿Es acaso un grito razonado?

Esto es una reacción colectiva a la desaprobación de un resultado esperado, de una expectativa que no fue cumplida.

¿Cómo influye gritar “¡Fuera Osorio!”? ¿Esto le importará al director técnico y a los jugadores? ¿Los afecta?

Por supuesto que sí. No es que de ello dependa su éxito ni que no puedan superarlo como los profesionales que son. Esto más bien, es un reflejo del contrato social que envía un mensaje de que no estamos completamente con ellos, aunque en el fondo sí lo estemos.

Les dejará un mal sabor de boca para la despedida e internamente tendrán que procesarlo y tratar de seguir adelante de cara al reto que tendrán en Rusia.

Ahora, como cultura mexicana: ¿Qué pasaría si continuáramos desarrollando rituales más positivos como el famoso “Sí se puede” o como la mundialmente famosa ola?

Si somos realmente ese jugador número 12 en la cancha, lo que nos toca es sumar, crear una energía positiva e influir a través del apoyo incondicional. Estamos a dos semanas de jugar contra el campeón mundial.

Ya sabemos que, como afición allá en Rusia estaremos con todo y que en muchas ocasiones somos reconocidos como aficiones fuera de serie, como ha pasado en Fórmula 1 que por ello, entre otras cosas, nos dan el premio del mejor evento del año.

Invito a mis queridos lectores a que cuando asistan a cualquier tipo de competencia como aficionados, busquen rituales masivos de apoyo, observen otras culturas y tratemos siempre de ser líderes en propuestas que impulsen a nuestros equipos y no a fomentar la desacreditación, no sólo por los jugadores sino para fomentar actitudes ganadoras en las nuevas generaciones.

Estas son conductas aprendidas, lideradas por unos pocos que pasan de generación en generación.

Espero que podamos influir en seguir generando en nuestro país una masa crítica de éxito creada entre otras cosas, en la afirmación y en el reconocimiento de las fortalezas, apartada de la cultura desafirmadora que engrandece lo negativo.

“Revitalízate, vuelve a la esencia de lo que te da el éxito”.