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A 65 días del Mundial: La Casa Hogar Diablos Rojos de Bélgica que nació en México 1986

Bélgica 1986 | AFP
La Selección de Bélgica se fue sin la copa en 1986, pero le regaló a México uno de los más grandes gestos en la historia del futbol

El Mundial de México 1986 es recordado por la genialidad de Maradona y la "Mano de Dios", pero en el corazón del Estado de México se gestó una historia de humanidad que trascendió el marcador. La Selección de Bélgica, que sorprendió al mundo al alcanzar el cuarto puesto en aquella justa, dejó en Toluca un legado que sigue vigente cuatro décadas después: la Casa Hogar Diablos Rojos de Bélgica.

Bélgica vs Argentina, 1986 | MEXSPORT

Durante su concentración en el Hotel Del Rey Inn, la delegación belga no fue ajena a la realidad social de la capital mexiquense. Conmovidos por la pobreza y la vulnerabilidad de los niños en situación de calle, los jugadores y el cuerpo técnico, liderados por figuras emblemáticas como el guardameta Jean-Marie Pfaff, decidieron que su paso por México debía significar algo más que trofeos.

Al finalizar el torneo, el equipo tomó una decisión sin precedentes al donar parte de sus primas y premios económicos para fundar un refugio. Lo que comenzó como un gesto de solidaridad tras alcanzar las semifinales se transformó en la Casa Hogar Diablos Rojos de Bélgica, una institución que ha brindado protección a múltiples generaciones.

LA HERMANDAD DE LOS DIABLOS ROJOS

La coincidencia en el apodo, ya que tanto el equipo nacional belga como el club local son conocidos como los "Diablos Rojos", fue el preludio de una unión que hoy se mantiene sólida. Esta institución no solo brinda techo y alimentación, sino que representa un monumento vivo a la diplomacia deportiva y al impacto positivo que el futbol puede generar en la sociedad cuando se mira más allá de la cancha.

Bélgica 1986 |

En la actualidad, el centro sigue operando como un espacio de esperanza para menores en situación vulnerable. El color rojo se convirtió en un símbolo de protección y futuro, permitiendo que el destino de muchos niños cambie de forma permanente gracias a los recursos aportados por los futbolistas europeos.

A poco más de dos meses para que inicie una nueva Copa del Mundo, el ejemplo de Bélgica en 1986 nos recuerda que, aunque el fútbol es una pasión que paraliza naciones, su victoria más significativa ocurre cuando el silbatazo final da paso a la solidaridad. Toluca y Bélgica no solo comparten un sobrenombre, comparten una historia de compromiso social que se escribe todos los días fuera de los estadios.