Estadio Azteca: prueba superada para el Mundial 2026
Es difícil opacar al radiante sol primaveral que cae cada año en el Valle de México. El Estadio Azteca lo hizo. Oficialmente, el Coloso de Santa Úrsula está listo para recibir su tercera Copa del Mundo de la FIFA, hazaña que ningún otro recinto ha logrado en la historia.
La opinión popular hasta hace unas semanas era de frialdad ante la llegada del torneo más importante de futbol a nuestro país, pero bastó que el gigante de Coyoacán reabriera sus puertas para que el espíritu mundialista se apoderara de la afición tricolor.
El Coloso despertó
En cuanto el primer valiente salió con una playera verde del Tren Ligero cerca del mediodía, un río tricolor fluyó por la Calzada de Tlalpan. Los verdes, mayoría; los blancos, de moda, y los rojos, pocos y divididos entre motivos mexicanos y el emblema portugués con un gigante -y hoy ausente- Ronaldo en la espalda.
En tierra de movimiento perpetuo, solo el Azteca más la Selección mexicana pueden causar una vibración que no da miedo. Y ese río que comenzó tímidamente se convirtió en un mar ansioso de ovacionar cada pase del Tri.
Pasadas las tres de la tarde, las barricadas policiales se hicieron a un lado y permitieron el acceso a los miles que ya esperaban para contarle a su descendencia que estuvieron ahí, "donde Pelé y Maradona jugaron", como un padre emocionado le dijo a su hijo en el laberíntico desfile de vallas.
¿Error y aprendizaje?
Como es natural, la primera vez casi nunca es perfecta. Y el ahora Estadio Banorte -y pronto Ciudad de México- se tiene que acostumbrar rápido al ajetreo de las masas queriendo ser parte de la historia, ya sea en el Mundial o con el regreso de la Liga MX y tres inquilinos: América, Cruz Azul y Atlante.
Las largas filas amenazaron con volverse eternas. La confusión de los accesos desesperó a más de uno. Pero no fue nada que no se pudiera resolver con la información adecuada. Al final, todo forma parte de un proceso de aprendizaje para llegar bien a la justa mundialista.
Y se hizo la luz
En la época en la que los orígenes se suelen olvidar, este viejo de 60 años resiste y está vivo. El Azteca se alimenta de la esperanza tricolor que hoy más que nunca tiene ser correspondida con lo nunca antes hecho: más de cinco partidos.
Las luces, la música, los asientos nuevos y la modernidad necesaria para revitalizar al Azteca estimularon a las más de 80 mil almas que se unieron en un solo sentimiento, igual de verde que el radiante césped del Coloso.
El entremés ante Portugal solo fue pretexto para decirle a los hombres que pisan la cancha que México está con ello y mientras la fortaleza de Santa Úrsula siga de pie, todo es posible.
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