UNAM advierte por calor extremo y su relación con cataratas
Las altas temperaturas no solo provocan incomodidad o deshidratación. De acuerdo con especialistas de la UNAM, el calor extremo y la exposición constante al sol están directamente relacionados con un mayor riesgo de desarrollar cataratas, una de las principales causas de pérdida de visión en el mundo.
¿Por qué el calor puede provocar cataratas?
El principal factor es la radiación ultravioleta (UV), que se intensifica durante las temporadas de calor. Esta radiación impacta directamente en el cristalino, la estructura del ojo encargada de enfocar la luz.
Especialistas explican que, con el tiempo, la exposición constante genera un proceso de estrés oxidativo que altera las proteínas del cristalino. Como resultado, estas pierden su transparencia y la visión se vuelve borrosa, característica principal de las cataratas.
Además, este daño es acumulativo, es decir, no ocurre de un día a otro, pero sí se agrava con la exposición prolongada al sol sin protección.
El calor también debilita la protección natural del ojo
Otro punto clave es la evaporación de la lágrima. El maestro Aarón Bautista Delgado, de la FES Iztacala, explica que el calor hace que la lágrima se evapore más rápido, dejando al ojo menos protegido.
Esto es relevante porque la lágrima no solo hidrata:
Protege contra polvo y microorganismos
Aporta nutrientes y oxígeno
Evita la fricción en la superficie ocular
Cuando esta capa se pierde, el ojo queda expuesto a irritaciones, infecciones y a una mayor penetración de radiación UV, lo que incrementa el riesgo de daño interno.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Las personas que pasan largos periodos bajo el sol —como trabajadores al aire libre— tienen mayor probabilidad de desarrollar cataratas incluso a edades más tempranas.
También influyen factores como:
Exposición constante a radiación solar
Falta de protección ocular
Ambientes secos y con polvo
Estos elementos, combinados con el calor, aceleran el deterioro ocular.
Cómo proteger tus ojos del calor, según especialistas
La UNAM recomienda medidas sencillas pero clave para reducir riesgos:
Usar lentes de sol con protección UV certificada
Evitar el sol directo entre 10:00 y 16:00 horas
Utilizar gorra o sombrero
Mantener buena hidratación
Acudir al especialista ante molestias persistentes
Estas acciones ayudan a prevenir daños progresivos en la vista.