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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

Javier Aguirre no descendió

2020-07-19 | Felipe Morales
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Si el descenso es el premio del demerito, Javier Aguirre es el estupor, ante la embestida de la realidad. Como un puro que descifra en sus cenizas el adiós de su lumbre, el Leganés se extinguió en el tiempo, con ese perfume amargo del último abrazo. Del último esfuerzo. Del último llanto.

Si es cierto que perder la categoría es una decepción, no es lo mismo que Aguirre sea decepcionante. 

El Vasco, desde su condición de genio de la palabra que gobierna el vestidor y levanta los ánimos de un caracol, se ha confirmado como un técnico de primera con directivos de segunda, que ponderaron lo económico sobre lo deportivo cuando lo desprotegieron sin estremecerse. Quitarle a Braithwaite y a En-Nesyri, a media temporada, fue como sumirle el corcho a una botella de vino y obligar al técnico a beberse el futbol sin muecas.

Pero pasa que Aguirre cuela esa y muchas más trampas, desde su remarcada manera de aferrarse a lo improbable. Como buen mexicano, lleva todo al límite, con la esperanza por encima de la experiencia, como quien confía en las segundas oportunidades, sobre las traiciones. 

Si el Real Madrid, protegido permanentemente por la miopía arbitral, no es ayudado, entonces no es el Madrid. Ya con la corona, no se libró de que en la sobremesa se hablara de un penal, por lo menos, discutible.  “Ante la duda, la más tetuda”, dijo el Vasco, alguna vez, como aviso de las preferencias, esta vez, otra vez, hacia los blancos.

No es que el Leganés haya descendido por esa omisión de la revisión de la jugada, pero tampoco es menos cierto, que en esta vuelta, ni con la copa en las vitrinas, el cuadro merengue cabalgó los campos de la claridad arbitral.

Fueron siete triunfos, diez igualadas y nueve descalabros los del Leganés, comandados por Javier. Tomó al equipo con una sola victoria. Por esa y mil razones más, no es lo mismo una decepción, que un trabajo decepcionante, aunque su falsa modestia lo situara, una vez más, como el sensato que es: “No fui capaz, esa es la realidad, no fui capaz de sacar un poquito más”.

Estamos en presencia de la revalorización y resurgimiento de un técnico, vituperado por supuestos y presuntos amaños de partidos, que nunca fueron demostrados. Si el Leganés desciende; él asciende.

Porque aquel Aguirre, de bajo perfil, confinado en el anonimato, volvió a las ruedas de prensa y los vestidores, como el amo que es, con un pueblo mexicano apretado en el puño de la expectativa, porque aunque el cenicero del descenso haya apagado su incandescente llama, México entero vio un partido del Leganés con el hilo del nervio. Y eso, es de primera.

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