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A 40 años sin Pedro Rodríguez

AGENCIAS
Hoy se cumplen cuatro décadas de la muerte del más grande piloto mexicano de todos los tiempos

CÉSAR HERRERA

Fue el accidente –la muerte– que no debió ocurrir. Pero, dirían algunos, así es la vida: inesperada, sorpresiva, a veces injusta.

Pedro estaba en la cima de su carrera deportiva. Ganador, competitivo, respetado, querido. El mayor de los hermanos Rodríguez, de la mano de sus tremendos resultados, ya se había convertido – y sigue siendo– en el mejor piloto mexicano de la historia.

En su vitrina de éxitos, los trofeos llegaban uno tras otro y su leyenda cada vez se hacía más grande. Pero, como la mayoría de las veces,  una decisión repentina marcó su destino o lo puso de frente a lo que la vida le tenía preparado.

La muerte de Ricardo, nueve años antes, fue un golpe devastador para Pedro, que estuvo cerca de alejarse de las pistas, aunque terminó por convertirse en el catalizador que lo lanzó a superar todo lo que había logrado antes de aquella tragedia en la curva Peraltada de la Magdalena Mixiuhca.

En el verano de 1971, Rodríguez estaba en el pináculo del automovilismo mundial. Protagonista de la Fórmula Uno, ‘as’ de las carreras de resistencia.

Fortísimo, tanto en fórmulas como en prototipos. Pedro había ganado las 24 Horas de Daytona en enero, los 1000 Kilómetros de Monza, en abril; los 1000 Kilómetros de Spa, en mayo; y había ofrecido cátedra en los Grandes Premios de Holanda y Francia.

Concentrado en cerrar su año a gran nivel –había tenido un acercamiento de Enzo Ferrari para ir a la Scuderia–, aceptó la invitación que no debía aceptar.

La organización de los 1000 Kilómetros de Nuremberg, en Alemania, le ofreció a Pedro un pago de cinco mil dólares por acudir a la prueba, de calibre mediano y que necesitaba a una estrella de su talla. Rodríguez dijo sí y también acordó que se le diera un Ferrari privado –de menor calidad a los de fábrica– para competir.

Sin permiso del British Racing Motors, con quien tenía firmado un contrato para F1, Pedro llegó al Norisring a cumplir el compromiso pactado. Por supuesto, su nombre y fama le exigían ganar en cada pista a la que se presentara.

No podía ser de otra forma, Rodríguez se hizo de la punta tras el arranque. En el giro 12, Pedro alcanzó a un rezagado, pero perdió el control, pegó contra un muro, rebotó y volvió a la pista envuelto en llamas.

Fue rescatado con el cuerpo quemado y fracturas en el cráneo y piernas. Se le intentó resucitar, pero murió camino al hospital.

Tragedia dolorosísima. Cuatro décadas después, ningún otro mexicano ha igualado sus hazañas.

Un héroe y un ‘villano’

Mientras que el comisario de pista del Norisring, Helmut Schlosser, quien arriesgó su vida para rescatar a Pedro Rodríguez de su auto en llamas, recibió una condecoración por su heroico acto, el piloto Kurt Hild fue acusado de causar el accidente en el que murió el mexicano.

Hild, a bordo del auto que Pedro rebasó antes de perder el control de su Ferrari, fue señalado por una Comisión Investigadora como el responsable del percance, incluso pidió fuera suspendido de por vida del automovilismo.

Sin embargo, un tribunal de Nuremberg exoneró al germano poco después.
 

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