Diego Silveti ofrece faena antológica en la México
HERIBERTO MURRIETA
Con un toreo de gran pureza y sentimiento ante un toro de bandera, Diego Silveti realizó ayer en la Plaza México una faena antológica de la que se hablará durante mucho tiempo.
Si su padre nos conmovió hasta las lágrimas en sus dos últimas tardes en el escenario de la colonia Nochebuena, Diego lo hizo en apenas su segunda actuación en ese coso.
Una faena perfectamente estructurada, de pases largos y templados, salidos del alma.
El toro se llamó "Charro Cantor" de Los Encinos, bravo, repetidor, de largo recorrido, criado por un ganadero anticomercial, Eduardo Martínez Urquidi, que ayer cumplía 21 años el el campo bravo y que dio una lección a quienes le han apostado erróneamente al toro ennoblecido y predeterminado que no emociona a nadie.
Una verdadera locura se vivió en los tendidos en los momentos donde Diego bordaba ese toreo que tiene su base en una técnica perfeccionada en España pero que brota con un sentimiento muy mexicano. Hizo bien en tirarse a matar.
Metió la espada casi entera en buen sitio y cortó merecidamente las orejas y el rabo número 126 en la historia de La México. ¿Por qué el juez premió por etapas cuando lo que procedía era sacar directamente el pañuelo verde? A estas grandes faenas que no dejan dudas hay que saberlas ver. Correcto el juez al ordenar la vuelta al ruedo a los restos del torazo.
Alejandro Talavante, que tanto nos ha gustado en ocasiones anteriores, dio ahora la impresión de querer mostrar todo su repertorio en una sóla faena, la que hizo a su primer toro, sobrecargándola de adornos, excedida de florituras.
Demasiada filigrana que habrá que dosificar. Con su segundo, que rebañaba, nada pudo conseguir, por lo que regaló un sobrero que no dio posibilidades. Y Guillermo Capetillo brindó detalles de su toreo de hondura con el capote y la muleta en su primer turno ante un toro de buen estilo que se caía, oyendo en el otro injustos abucheos de quienes siempre lo han prejuzgado.
Para el próximo domingo, Fermín Rivera, el español Daniel Luque y Mario Aguilar, con toros de Villa Carmela.