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Opinión

Luis García

El Doctor une el amplio conocimiento deportivo con un estilo propio. Sus geniales comentarios que lo han hecho referente de la TV tienen también su lugar en nuestro diario.

Monarca

2021-06-01 | LUIS GARCÍA
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Lo hicieron, lo venían anunciando, no sólo este semestre, desde hace varios atrás, estaban empeñados en romper la malaria, su necedad tuvo premio, merecido premio, después de años de comer basura, de ser vituperados, de ser desdeñados y mancillados, el domingo por a noche mandaron al carajo sus fantasmas, y lo hicieron para y por siempre.

Después de esta esforzada coronación, cualquier reto que les tiren será un juego de niños, el gigante decidió sacudirse la modorra, despertó, lo hizo lento, con ansiedad, con dudas, pero ya despertó, y a partir de ahora que sus oponentes se agarren de las manos porque no volverá a dormitar en un largo, largo tiempo.

Este medular campeonato no podía estar alejado del sufrimiento. Durante el primer tiempo ante Santos estaban apanicados, daba la impresión que estaban construyendo otra nueva manera de boicotearse, decidieron acompañar el juego, se pusieron en modo avión, y los de La Laguna, equipo fabuloso, se hicieron dueños del partido, y sembraron en el ambiente esa terrible inquietud del fracaso.

Leí que tú, Juan Reynoso, cagaste a pedos a tus jugadores en el medio tiempo, expresión textual que se utiliza bastante en el deporte cuando no exhibes tu mejor versión de juego. Tomaste la correcta decisión de sacar del campo a Orbelín Pineda y Roberto Alvarado, que fueron dos espectros en la primera mitad, incluso me atrevo a decir que tardaste en cambiarlos. El mensaje estaba claro, no más comparsas, tomemos el rol protagónico que durante cuarenta cinco minutos obviamos.

Y desde el segundo uno de la segunda mitad fueron un vendaval, les salieron alas, volaron poderosos, sabedores que ese momento era el suyo, que no podían esperar más, que la historia les demandaba ser campeones, que habían trabajado emocional, intelectual y estratégicamente muchos días como para desperdiciarlos.

Qué bueno que ganaron, qué bueno que se rebelaron a su cruel pasado, que ahora ríen, lo merecen, y espero lo hagan durante muchas décadas.

Lo he señalado reiteradamente, no tengo ninguna filiación con el Cruz Azul, no le voy, ni le iré nunca, pero ver a los aficionados reventar en llanto, verlos gozar, verlos besar el escudo, verlos gritar desaforadamente, verlos quitarse de encima una loza de miles de kilos, me encantó. Esta afición se reinventó miles de veces, y miles me parecen pocas. Ahora deberán a empezar a vincularse con el éxito, con los trofeos, con las hazañas. Se viene una de las mejores épocas del Cruz Azul, no sé si les alcance para amenazar la de los 70s, pero cerca estarán, si no al tiempo.

Mención especial para dos hombres, tú José de Jesús Corona, eres una pinche maravilla de portero, un portero de época, un portero de vanguardia, un portero válido, un portero histórico, de los mejores arqueros en la historia de México, y hoy, serio con tendiente a ser titular en la Selección Nacional. Hoy en nuestra nación no existe un cancerbero mejor, punto.

El otro eres tú, Julio César Domínguez, tu pulcra esencia azul te daba todo el derecho a ser Campeón, la peleaste como el que más, sufriste cataclismos inimaginables, y nunca claudicaste. Callado regresabas al campo de batalla, herido, pero vivo, con la inquebrantable voluntad de saber que algún día verías la tierra prometida. Celebra, y celebra por lo alto, tú encarnas a la perfección lo que significa ser un futbolista de Cruz Azul.

Fui un afortunado en haber estado en una transmisión histórica. Este oficio de comentarista con el que me crucé hace más de 20 años, me dio la oportunidad de vivir una hazaña de mayúsculas proporciones, y no tengo más que agradecer, y agradecer.

Grande, Cruz Azul, hiciste vibrar a propios y extraños como hace mucho tiempo no sucedía. Grítalo, celébralo, gózalo, de eso se trata la vida, de sinsabores y éxitos.

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