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Arturo Saldívar, triunfador en Valencia al cortar dos orejas

EFE
El torero mexicano fue sacado en hombros luego de su gran actuación en la plaza española

HERIBERTO MURRIETA

El mexicano Arturo Saldívar, un auténtico torbellino, aprovechó la gran oportunidad que significaba actuar en la reaparición de José Tomás y se convirtió en el máximo triunfador de la corrida celebrada este sábado ante un lleno en la plaza de Valencia. Le cortó una oreja a cada toro y salió a hombros, justificando plenamente su inclusión en el cartel.

Con ansias de novillero, derrochando afición, un tanto acelerado y revolucionado pero arreando toda la tarde con la excelente actitud que le caracteriza, Saldívar hizo el toreo bueno con su primer toro, que tuvo claridad en la embestida aunque se le metía un poco en el viaje por el lado izquierdo. Al salir de una tanda de largos y templados muletazos, se alejó para recoger las palmas y le perdió por completo la cara al toro, que hizo por él y se lo echó a los lomos sin causarle ningún daño. Craso error que pudo costarle caro. Mató de pinchazo y estocada. Recibió una oreja.

En el sexto, con un toro escaso de transmisión, trazó algunos pases aislados de valía. Se fue encima en la estocada y obtuvo otra oreja, misma que le permitió salir a hombros.

Regresó José Tomás, el torero por antonomasia, para seguir escribiendo las páginas de una leyenda que se nutre de dramatismo y emoción. Vistió para la esperada ocasión un vestido lila y oro con extraños bordados de medias lunas abrazando los rosetones de las hombreras y las bandas de la taleguilla.

No podía faltar el toque de angustia: al abrir la faena de muleta a su segundo toro, citó en los medios con el brazo a media altura y el engaño muerto. Parecía que el animal se dirigía a la tela pero al llegar a la jurisdicción del torero se desvió intempestivamente hacia su cuerpo, llevándoselo por delante en una voltereta de órdago.

Tomás no hizo por dar el toque hacia afuera, quedando totalmente expuesto a ser atropellado. Enseguida vino la faena intensa, abrochada con unas originales manoletinas con el compás abierto, antes de una estocada en buen sitio. El presidente negó la segunda oreja de forma absurda, desatándose la bronca. A José Tomás le lanzaron una bandera de México, la tomó con la mano izquierda y dio con ella dos vueltas al ruedo.

El toro de su reaparición tuvo nervio y fue picoso y violento. Tras ejecutar un quite por gaoneras con el sello de la casa, brindó a los médicos mexicanos que le salvaron la vida hace quince meses en Aguascalientes.

Con la muleta desplegó su tauromaquia íntegra, desnuda de artificios, en la que no hay cabida para las dudas. Muy reunidos los derechazos. Sufrió dos desarmes, mató de media tendida, escuchó un aviso y saludó desde el tercio.

Víctor Puerto entró a la tercia con la categoría de un primer espada oficioso, no exento de gusto, que toreó sabrosamente por lances al que abrió plaza, un toro cuajado que se acabó en un tercio de quites donde Tomás dibujó delantales y el manchego le dio la réplica con verónicas. Puerto le brindó una faena que no alcanzó a despegar por la mínima fuerza de su antagonista. Su segundo, casi inválido, tampoco funcionó.

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