El oso y el muro
Pegados como muéganos escuchaban las indicaciones de su técnico. El encuentro era contra el Hamburgo, partido bravo. Todos tenían cinco años y aunque todavía no entendían muy bien el asunto de la competitividad, uno de ellos ya sabía que perder no le gustaba nada y por ello se sentía distinto al resto, más allá de que su entrenador insistía mucho en que el juego era estrictamente para divertirse.
Manuel era el portero, más por necesidad del equipo que por gusto del susodicho. Él quería meter goles y no taparlos, pero un día llegó tarde a la práctica y tuvo que ir al arco, ese era el castigo, como nadie quería atajar entonces se decidió que quien llegara al último en cada práctica se pondría los guantes. El asunto fue que al iniciar el torneo, Manuel salió elegido para defender la portería, ya que aquel fatídico día en que el reloj lo traicionó tuvo una actuación llamativa y sin saberlo ese momento escribiría el primer capítulo de su historia.
Pero Manu, como lo conocían sus amigos del Schalke 04, no estaba solo cuando se colocaba debajo del travesaño; siempre iba acompañado por un íntimo amigo, colaborador de risas, inspirador de confianza, su confesor favorito, su ayudante y amuleto, un oso de peluche que casi lo igualaba en tamaño, obsequio amoroso y simbólico de Marita, su madre.
No importaban las condiciones del terreno ni la hora del día, el osezno de felpa iba con Manuel a todos lados, incluso a la charla previa al juego en donde el entrenador reafirmaba que no interesaba el resultado, sino que ellos la pasaran bien en el campo de duela.
Curioso suponía para todos ver al portero vestido con pantalón negro y sudadera verde cargar un peluche mientras los demás compañeros ansiosos querían ya que se jugara el partido. Manuel, como cábala, depositaba a su juguete amigo al fondo de la red pegado al palo derecho, así se sentía acompañado y más tranquilo y es que el incipiente guardameta tenían un grado elevado de responsabilidad en su trabajo dentro del campo y sentía que no podía fallar.
“Me ponía a llorar cada vez que me anotaban un gol. Al ser el último jugador pensaba que si existía gol en contra era únicamente mi responsabilidad”, le contó a DW TV.
Era tal su desazón que incluso el asistente o ayudantes del mismo debían entrar a la cancha en pleno partido para levantarle el ánimo, alentarlo, secarle las lágrimas y sacarle la frustración por el gol recibido; todo ello mientras el oso impávido buscaba al final del partido absorberle el dolor y reconfortarlo mientras Manuel lo abrazaba con fervor.
Pasaron los años y el chico nacido en la zona minera Renania, dejó de lado el llanto, y aunque guardó el oso en un armario, siempre lo llevó pegado en el pensamiento cada vez que atajaba. Dejó de ser el chico más delgado del equipo y se transformó en una masa de músculos acumulados en casi dos metros de altura. Eso sí, antes, cuando tenía 14 años, el Schalke 04 pensó en dejarlo libre porque su cuerpo no embarbecía, pero fue Lothar Matuschak, visor de porteros del club, quien les dijo a los dirigentes: “Un día Manuel será el mejor portero del mundo”, relató para The Daily Mail. No se equivocaría.
Creció al lado de Mesut Özil, un chico como muchos otros de la zona, de origen turco, con quien hizo diferencia por encima del resto. Nadie tenía duda en el club que tanto el portero con espíritu de delantero y el volante con pasaporte apostillado en Estambul, serían dos de las grandes revelaciones el día que debutarán en la Bundesliga. Y así fue, una tarde el chamaco sensación de las juveniles debió entrar de cambio en un choque frente al Alemania Aachen y con el Neuer, puesto en la espalda comenzó a sorprender a todos aquellos que no sabían de su existencia.
Atrás quedarían para siempre esas noches en donde su madre pasaba varios minutos remendando la ropa de juego, tratando de tapar las decenas de hoyos que reventaban la maltratada tela por los constantes lances y barridas de su hijo.
Independientemente de la descomunal presencia física que posee,sus atajadas eran dignas de portada todos los lunes. Además la capacidad de salir jugando con la pelota lo hacía inigualable. Admirador confeso de Edwin van der Sar, Jens Lehmann y Oliver Kahn, Manuel, a diferencia de sus héroes, podía conducir el balón, pegarle con ambos perfiles e incluso salir del área para hacer coberturas defensivas cuando sus centrales eran rebasados con trazos diagonales a la espalda.
“Me gustaba mucho llegar temprano al estadio ver calentar a Jens, hacía trabajos que jamás le vi a otro. Lo admiraba mucho, además era el portero titular del Schalke”, describió para The Guardian.
Dominador del área en su totalidad, abajo de los palos maneja reflejos impecables, severos manotazos despejan los más peligrosos intentos enemigos, para colmo, todo aquel nerviosismo que destilaba de niño, ahora está transformado en un iceberg sentimental a la hora de protagonizar un encuentro deportivo.
"Mis padres me ayudaron mucho hablándome siempre sobre mantener la calma y alejar las emociones fuera del campo. Me decían que si uno quería ser portero estaba obligado a mantenerse enfocado únicamente en la siguiente jugada”.
Juró jamás irse del Schalke, ahí estaba su vida, su gente, sus amigos pero el dinero que ofrecían desde Inglaterra era importante y aunque nunca fue hacia la Premier League, llegó el millonario del barrio para colocar una oferta en la mesa irresistible. Manuel vestiría la camiseta del Bayern y los grandes escenarios lo estarían esperando, aunque en el camino debió ganarse a una afición que lo resistía por su pasado.
La trágica muerte de Robert Enke y la lesión de René Adler, hicieron que Neuer, cuatro años después de su debut en Bundesliga, jugara como titular el Mundial 2010 dónde Alemania fue semifinalista.
Cuatro años más tarde, ya como un futbolista consagrado, sus demoledoras actuaciones serían recompensadas con la Copa FIFA. Es tan impactante su manera de atajar y dominar la posición que varios desde hace tiempo, entre ellos Maradona, vienen pidiendo que el Balón de Oro al mejor futbolista del mundo le fuera entregado al portero de la Mannschaft.
Hombre responsable, abierto de mente y solidario. Logró ganar más de 500 mil euros en el concurso ¿Quién quiere ser millonario?, mismos que donó a la Fundación que lleva su nombre y que ayuda a niños con problemas económicos y de salud. Además dialogó públicamente sobre la inclusión, la tolerancia y el respeto a todo aquel jugador de fútbol que quiera abiertamente hablar sobre sus preferencias sexuales. “Los hinchas van a acostumbrarse rápidamente, porque lo que a ellos les importa es el rendimiento del jugador, no sus preferencias sexuales. Quien sea homosexual debería decirlo. Salir del armario alivia”, sostuvo.
Manuel Neuer, ha dado 16 vueltas olímpicas en su carrera deportiva y es considerado por muchos como el mejor portero del mundo en la actualidad. Nada mal para ser el heredero de Maier, Schumacher, Illgner, Köpke, Klos, Rost, Reinke, Kahn y Lehmann.
Aquel oso que le ayudaba recargado en las redes de la portería desde hace rato vive jubilado y hoy es la música su cómplice perfecto antes de los partidos.
“Me relajo escuchando AC/DC, esa es mi forma de serenar los nervios. Todo equipo necesita que su último hombre sea fuerte y eso es lo que yo trato de hacer”.
Quién iba a decir que un oso de peluche sería el primer escalón de apoyo para solventar la angustia de un niño que no quería ser portero pero cuando se decidió a hacerlo tocó el cielo futbolístico y construyó con sus manos un muro impenetrable.