Mariano Rivera se gana el corazón de las Grandes Ligas
LÁZARO MONTAÑO | RODRIGO ROCHA
Desde hace ya muchos años, cada vez que en un parque de las Grandes Ligas suena ‘Enter Sandman’ es porque algo está por suceder: Mariano Rivera viene a lanzar y, por ende, el juego se encuentra a punto de terminar.
Lo que sucedió la noche del martes, cuando todos los asistentes al Citi Field se pusieron de pie, incluidos los peloteros, compañeros y rivales, para aplaudir por más de dos minutos a Mariano, es sólo una pequeña muestra de que estamos en presencia de una leyenda, de un hombre que es uno de los más grandes personajes del deporte de todos los tiempos.
Rivera logró algo que pocas veces se ha visto: detuvo el juego... y eso que ése era el Juego de Estrellas. En lugar de saltar al cam-po a calentar, los miembros de los dos equipos se quedaron en el dugout a reconocer a un personaje que, a sus 43 años, ha dicho que al final de esta temporada colgará los spikes y se convertirá en mito.
"Todo fue una sorpresa esta noche. Yo no esperaba todo eso. Quería venir y hacer mi trabajo, y cuando llegué a la lomita y oí esa canción... mi canción, en otro estadio, fue genial. Y cuando vi a ambos lados y a los dos equipos en sus dugouts, casi me hizo llorar. Fue increíble, fue una escena que nunca olvidaré”, dijo Mariano.
Después, el panameño hizo lo que ha hecho toda su carrera: retirar hombres, conseguir outs para su equipo. Primero dominó a Jean Segura, después a Allen Craig y por último Carlos Gómez tuvo que sufrir la misma frustración que miles de beisbolistas habían sufrido 4,211 veces antes que él al sucumbir ante ‘Súper Mariano’.
El nacido en Ciudad de Panamá el 29 de noviembre de 1969 ha mantenido el triunfo de su equipo -siempre los Yanquis de Nueva York- en 638 ocasiones, más que ningún otro pitcher; en Playoffs ha mantenido una increíble efectividad, pues permite mucho menos de una carrera por cada nueve entradas trabajadas... y en Juegos de Estrellas, bueno, nunca regaló una base por bolas y nunca permitió una sola carrera limpia.
Y aun así, la grandeza de Mariano va más allá de lo que hace sobre la loma. Rivera se ha ganado el respeto del mundo del beisbol porque es una persona humilde, sencilla y admirable en todos sentidos.
Tras retirar en orden la octava entrada del Juego de Estrellas, Mariano se acercó a todos en el dugout de su equipo para darles, uno a uno, un abrazo y agradecerles por haberle aplaudido.
"No puedo describirlo. Ha sido una noche maravillosa. Tengo que agradecer a cada uno de ustedes por hacer esto, gracias a Dios por todo... a mi esposa, a mis hijos... Ha sido sencillamente increíble”.