¿Somos chingones?
Javier Hernandez arrojó una peligrosa aseveración, antes del inicio de la Copa Confederaciones. “Yo como deportista lo digo, pero también como mexicano en cualquier ámbito, porque la realidad es que somos muy chingones. Todos somos muy chingones”.
Pero ¿para qué?
Chicharito habló en plural como extensión del singular. Con su gol 48 en selección, frente a Portugal, confirmó que como él a veces lo es, todos pueden serlo, en un ejercicio con cierta cuota demagoga, en la que expuso, de manera maquillada, la primera persona, con un mensaje cargado de un flaco optimismo: Sean como yo. Sí se puede. Yo lo logré. Sigan mi camino. Nunca se rindan.
Eso no estorba. Nunca. Siempre es bueno que alguien ilumine la cueva con la linterna del triunfo, aunque los seguidores, atados al fanatismo, no necesariamente son proclives al aprendizaje. Pero pueden serlo.
Sin embargo, en esta frase premeditada, existe un filo que roza el ego. Javier se sabe mexicano y se incluye, en consecuencia, como un “chingón”. Es decir, se acepta como tal y le transfiere al imaginario colectivo la etiqueta de serlo.
Es un pase filtrado a la autovaloración.
Este irradiador de energía, con apodo de legumbre y goles estelares, hizo una temeraria afirmación, con muy buena intención y con decenas de averías: La frase “TODOS somos muy chingones“… “en CUALQUIER otra profesión”, confirmó que el pesimista es un optimista con información económica, social, deportiva, etc...
Javier no solo habló de cómo un mexicano puede patear una pelota con éxito. Abrió otro espectro y entró en una borrosa dimensión, en la que está comprobado que la ‘chingonería’ no es exclusiva del mexicano ni del deporte así como el ser disciplinado no solo le ajusta a un alemán o la puntualidad le calza solamente a un inglés. Las generalizaciones son seductoras. Pero huecas.
Después de la estrepitosa eliminación, a manos de Alemania, Javier reculó: "Esto servirá para saber dónde estamos".
Cuatro goles después dejamos de ser lo que éramos.
“Nuestro grito de guerra, ‘¡Sí se puede!’, es un recordatorio de que los nuestros casi nunca han podido”, decía Juan Villoro.
Afirmar que en el futbol “somos muy chingones”, bien podría ser, una vez más, el recordatorio de que casi nunca lo hemos sido…