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Opinión

Carlos Ponce de León

Director de RÉCORD, experto en futbol nacional e internacional. En su columna tendrás un análisis veraz y oportuno.

El balón se hizo más chico

2020-05-25 | Carlos Ponce de León
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Antes, jugamos con un balón número 5. Ahora, a consecuencia del nuevo coronavirus, tenemos que jugar con un número 4. El balón se hizo más chico. La industria se redujo con la contingencia sanitaria mundial, nos guste o no. Lo entendamos o no. Si hay algún protagonista de este ecosistema que se resista a comprender y aceptar que sus ganancias ya no podrán ser las mismas que antes del virus, irremediablemente se estrellará contra la pared.

La cancelación del Clausura 2020 nos entregó la primera gran muestra de que la industria es más pequeña: la tremenda pérdida que representó no concluir todos los partidos del torneo, incluida la Liguilla. Durísimo. David Medrano lo calculaba en 100 millones de dólares. Sin embargo, ese golpe financiero se está tratando de aminorar estos días, pues ha entrado una renovada forma de llegar a acuerdos entre todas las partes que integran al circuito profesional futbolero.

Es un nuevo concepto, una idea sencilla, de ejecución compleja: contratos de supervivencia. Esta nueva forma de negociar con el objetivo de que la máquina siga andando, propone que sobre los acuerdos del pasado se pongan reglas distintas, se cambien las condiciones, a fin de que entre los entes que tengan que acordar el intercambio monetario de bienes o servicios, cada uno pierda lo menos posible.

Es renovar los tratos entre clubes, jugadores, entrenadores, patrocinadores o poseedores de derechos de transmisión. Si alguno no comprende que hoy debe ceder para permitir que siga por más tiempo la interacción en la industria, está perdido. Se dará contra el muro. No es opcional.

Hoy ya no se puede cobrar lo acostumbrado, porque ya no se puede pagar. Al bajar los ingresos en algún punto de la cadena, necesariamente afecta al siguiente eslabón. Y todos están conectados.

La conclusión del Clausura provoca que hoy empiecen a sentarse los equipos con las televisoras, con los patrocinadores, con los futbolistas, a poner nuevas reglas y montos. En estos días es altamente probable que escuchemos quejas de alguno de estos sectores, por tener que bajar sus pretensiones. Es normal. Es entendible. Y también es necesario.

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El jugador aparece como el menos consciente de la realidad. Ojalá que me equivoque en esta aseveración, que demuestre madurez y criterio para comprender que si no cede en lo que llegó a recibir, no tendrá futuro en el ecosistema. Debe ser económicamente solidario.

Un gran ejemplo lo pone Miguel Herrera, quien esta semana debe renovar su contrato con América como adelantó Rubén Rodríguez. El Piojo quiere quedarse en el Nido, pero ha comprendido que tiene que ceder en sus pretensiones ante la situación. Extenderá su contrato sin el aumento que estaba proyectado al inicio de las pláticas con la directiva. Modelo de lo que sucederá con el profesional de la industria.

El nublado panorama que representa la reducción de la economía de la industria no debe ser eterno. En la medida en que los participantes entiendan y acepten las reglas que ahora están en juego tras la contingencia, el futbol mexicano se podrá mantener sólido y en uno años, volver a crecer de nuevo hasta colocarse en otro lugar privilegiado. Hoy necesitamos ceder para ganar a futuro. Utilicemos el balón del 4, para volver a jugar con el 5.

SE TENÍA QUE DECIR...
El dolor que causa en la afición de Morelia la marcha de Monarcas a Mazatlán lo sentimos todos. Es un duelo en el que debe aparecer la pronta resignación. Era oportunidad para este equipo que no podía pasar. Es la crueldad del profesionalismo. Era renovarse o morir en unos años. Sólo el tiempo podrá decir si acertaron en la decisión. Esperemos que así sea.
...Y SE DIJO