La dura caída de River Plate ante Boca Juniors en el Superclásico argentino dejó heridas profundas en el plantel millonario. El conjunto dirigido por Marcelo Gallardo fue superado en La Bombonera y, tras el pitazo final, la escena fue de contraste total: mientras el estadio se convertía en una fiesta xeneize, los jugadores visitantes abandonaban el campo con bronca y frustración.
Entre los cánticos y celebraciones de los locales, los futbolistas de River emprendieron la retirada hacia los vestuarios con rostros serios, cabizbajos y sin mirar hacia las tribunas. Fue en ese contexto, de evidente tensión y malestar, cuando un episodio inesperado empañó aún más la noche para los de Núñez.
El incidente ocurre en un contexto especialmente delicado para River, que no solo perdió ante su eterno rival, sino que dejó escapar una oportunidad clave para recomponerse en el campeonato. El golpe anímico, sumado al bochorno de Salas, agrava el clima de tensión en el plantel y entre los aficionados.
Mientras tanto, el cuerpo técnico y la dirigencia analizan los pasos a seguir. Se espera que Maximiliano Salas ofrezca una disculpa pública en las próximas horas, aunque el daño ya está hecho: el Superclásico no solo dejó una derrota en el marcador, sino también una imagen que River querrá olvidar cuanto antes.

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