Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora! Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora!

América perdió la memoria

América perdió la memoria

El América fue el retrato de un equipo con un centenar de años. Artrítico, desorientado. Nulo en reflejos. Lento. Su aturdida manera de correr tras el balón fue la resignación de una vida que se le escapó en el campo de la nostalgia, ante unas Chivas vigorosamente efectivas. Las Águilas perdieron la memoria.

El Guadalajara supo que contra una escuadra sin calcio, había que ejecutar el plan de la carrera. Entonces, Isaac Brizuela se anticipó a una defensa, que viajaba en silla de ruedas, ganó la posición en primer poste con un pique insospechado y encontró la red, que redundó en un grito de gol desaforado.

El Guadalajara fue un constante diálogo sin moderador. No hay mejor conversación en un campo que la de una pared devuelta. Y Chivas se comunicaba. Sus futbolistas hablaban un idioma, que solo ellos oían y entendían. El América no. Nunca lo descifró.

Brizuela, en consecuencia, entró al área por la derecha, con la autosuficiencia con la que en un restaurante se pide la cuenta, y con un disparo raso hacia el primer poste, desprotegido por Moisés Muñoz, se levantó de la mesa.

Las Águilas eran una sombra multiplicada en la opacidad. Fueron testigos mudos, absortos y plenamente superados, porque cuando solamente se corre detrás de la pelota, el futbolista se cansa, se aburre y se distrae. Los de Coapa lo confirmaron cuando le permitieron la entrada al área al Gullit Peña para que, con un cabezazo, demostrara que no había nadie más aburrido, que los que vestían de amarillo.

Chivas fue un equipo supersónico, vertiginosamente dominante. Autoritario. Cada pase al botín amigo era una nota con sintonías musicales, incluso melódicas. Por momentos fue una ópera prima, sólo interrumpida por la indisciplina amarilla.

Al futbol rojiblanco de ayer había que apreciarlo. Incluso escucharlo, porque el Estadio Azteca fue un coro unido con ecos imprevistos. Porque nadie vaticinó que Chivas fuera más, pero sobretodo, nadie supo que sería tanto.

El América no se reconoció cuando se vio en el espejo. Y Chivas no tuvo respeto por un equipo que cumple 100 años, pero que ayer fue 100 veces menos que su eterno rival…