América se luce en el Azteca y mantiene paso perfecto en el torneo
JAVIER CARMONA
Las Águilas vuelan hacia lo más alto de la tabla general. El América dio un concierto en la cancha del Azteca, borrando al Atlante, y lo derrotó 4-0 para mantener el invicto, y cosechar una marca perfecta al registrar su tercer triunfo en este arranque de torneo.
América brindó un recital, jugó por nota ante un Potro que parecía montado en un carrusel, dando vueltas con la sinfonía azulcrema de fondo. Las diferencias entre ambos equipos eran abismales, aunque está vez las Águilas tuvieron la contundencia de su lado y lo supieron reflejar en el marcador.
Los azulgranas fueron tímidos, como se muestra una presa en desventaja ante su cazador; por ello, las Águilas no tardaron en devorar al rival, lo arrinconaron y con un centro de Sambueza por izquierda hacia segundo poste, se abrió el marcador gracias el testarazo de Molina, disparando las alegrías de los americanistas en las tribunas.
América tenía al rival en su mano, aunque éstos intentaban sacudirse la presión con los disparos de Larrivey que no preocupaban a nadie. Las oportunidades se presentaban a racimos para los capitalinos, mientras Miguel Herrera se lamentaba desde su banca, al ver que su equipo no concretaba las opciones, como sucedía partidos atrás; sin embargo, al 30';, apareció Raúl Jiménez para ';mojar'; y sacudirse la sequía goleadora que lo acechaba: Benítez dentro del área, cedió la pelota para el canterano, quien no dudó y dio el pase a la red para festejar su reencuentro con el gol.
Los Potros estaban más que agonizando en la cancha, cuando el América decidió regalar una pintura de gol: el eje de ataque azulcrama ';solfeó'; a placer, Benítez por derecha asistió a Rubens, éste hizo una pantalla y dejó pasar la pelota entre sus piernas, el balón llegó a Jiménez y con un derechazo culminó la melodía con un grito de gol que retumbó en el Azteca, como hace mucho no sucedía.
América intentó ensañarse con el rival, pero los postes y las ansias de culminar la jugada con la pelota en el fondo del arco rival, muchas veces hizo que el marcador no se moviera más en el segundo capítulo, era como jugar un tiro al blanco; mientras, paradójicamente, el creador del Lavolpismo veía desde su banca, como su equipo era borrado y no tenía ni pies ni cabeza para intentar superar a uno de sus alumnos: Miguel Herrera.
Christian Benítez no se podía marchar del Azteca, sin lacerar al Potro, así que en la recta final, aprovechó un pase de ';Sambu';, para dar la estocada final con un potente que dobló las manos de Villalpando, para echarse al bolsillo los tres puntos.
Las Águilas comienzan a hacer del Azteca la cancha del dolor ajeno, cumpliendo la promesas que hicieron al arrancar el campeonato, obteniendo buenos dividendos, pues la afición está regresando paulatinamente al Coloso de Santa Úrsula.
ASÍ LO VIVIMOS