Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora! Caliente.mx - Apuestas deportivas. Recibe de regalo $1,000. Haz clic aquí. ¡Apuesta ahora!

América va a Liguilla, aunque de mezclilla

Como hace 10 torneos seguidos, hay 'Fiesta en América' Felipe Morales

"La belleza puede ser una forma de eficacia", escribe Juan Villoro. El América es mitad eso y mitad lo otro. Bello, desde la resolución de un partido empatado al Atlas, con un gol que mereció ser enmarcado, y secamente eficaz, a partir del invicto de Ricardo La Volpe, que asegura ir a la Fiesta Grande, aunque por ahora vaya vestido de mezclilla, cuando la exigente  invitación hacia el campeonato sea de smoking...

El Atlas contra América fue la división de los puntos y de los tiempos.   

En el primero, por ejemplo, se confirmó que a un cabezazo se llega tarde, demasiado pronto o justo a tiempo. Para arribar puntual, hay que salir con anticipación. Y Edson Rivera lo hizo. Como cuando entras a un elevador con prisa, antes de que se cierren las dos puertas, el delantero abordó el área entre los centrales; luego giró la testa hacia la izquierda. La gente se levantó de su asiento, alzó las manos y después apretó los puños. Al mismo tiempo, Rivera se tapó la cara, cuando vio aquel gol interrumpido por el poste entrometido...

En aquella dinámica aérea, el Atlas gobernó los cielos. Rivera fildeó un balón teledirigido al segundo poste; dio cinco pasos hacia atrás con la mirada atenta y la pupila atornillada en el cuero y luego lo remató a contrapié del arquero. Fue la venganza de la cabeza sobre el pie. La noche en la que el futbol se definía desde la matriz de las ideas. 

Y también a partir de las molestas astillas de la madera, encajadas en el pecho azulcrema. Cuando Renato Ibarra disparó sólidamente hacia gol, el poste tuvo otra opinión. Aquel tiro de zurda, que en su inicio era de caoba, fue aserrín en su fin...

El América había inclinado la cancha, mucho porque el Atlas advertía que hacer menos era ganancia. Y se cumplió aquel adagio que reza que jugar a no perder, siempre es perder.  Ya sean partidos o puntos...

Y los Zorros perdieron dos, cuando Silvio Romero enmarcó un tanto tocado por Dios. Desde que vio una pelota voladora elevada por Ibarra, inclinó la cadera,  midió la densidad del aire, calculó la altura, la humedad, el tiempo y el espacio. En su mente, Romero ya había anotado; después resolvió con una volea de derecha, en lo que fue un gol como nunca antes gritado.

El América fue eso. Puro pulmón, desde su festejo hasta su futbol. Pero, en consecuencia, respira. Las Águilas están clasificadas a la Liguilla y el Atlas, otra vez, la verá desde las orillas. Hoy, como hace 10 torneos seguidos, hay "Fiesta en América".