André-Pierre Gignac
Después de meses de astenia irrumpiste con esa combinación de gracia y poderío que te caracteriza, y sin forzar ni un ápice tu descomunal musculatura, destazaste a tu enclenque enemigo.
Eres de esas figuras que en los momentos abrasadores apareces, gustas sentirte amenazado, te seduce que te pongan a prueba, los escenarios sin turbulencia te provocan sueño. Y así fue, llegaste a tu nueva casa, a tu terruño, a tu acogedor recinto, el saleroso Estadio Universitario, y lo hiciste de nuevo tuyo.
Eres un genio de la pelota, y estoy cierto que los genios no se vuelven malos futbolistas en cuestión de meses, así como también creo que los jugadores medianos nunca serán genios. Celebro de cierta forma que la afición mexicana exponga visos de exigente, que si un personaje de tu manufactura normalmente hace magia y arte, que se te demande cumplir con las expectativas. Lo que no comparto es que se exija a estrellas rutilantes como tú, y a la vez no exista rebeldía ante muchos futbolistas ramplones que circundan en nuestra nación.
Pues bien, manifestaste el estoicismo de una vaca en la lluvia; debo dar crédito de esta frase a mi cuñado Luigi Lara, quien estuvo jode y jode que la incluyera en mi texto. El otro provocador de tu furibunda reacción fue tu actual mentor Ricardo Ferretti, hizo lo que siempre ha hecho: respaldar a sus jerarcas, te iba a poner en el once titular por los siglos de los siglos, el brasileño no suele traicionar las jerarquías, y la tuya es monstruosa. No te apeaste del camino que bien conoces y en unos luminosos minutos, todo se arregló; incluso se dice que fuiste a terapia de hipnosis para encontrar la salida del túnel. Me resulta extraordinario y plausible que cualquier persona, sea deportista de alto rendimiento o no, busque veredas alternativas para encontrar soluciones.
Eres un ícono de la institución, lo que cobres y hayas costado está pagado con intereses; eres un ídolo, ésos no se consiguen en botica ni se forman, ésos surgen y se instalan en el alma de la gente. Tú contigüidad con la afición de los Tigres es inigualable, no existe un futbolista propio o extraño que compita contigo en empatía con su afición, todo el inmueble coreando tu nombre fue otra de las brutales pruebas de lo anterior. Tigres te trajo, pero todo el futbol mexicano es quien debe dar las gracias de tan aventurada apuesta.
Nunca nadie pensó que tendrías tal éxito, eres un mitológico actor de cine, eres el héroe de la película, y lo sabes, tus frecuentes sonrisas te delatan. Eres la extraña fusión de un superhombre; de esos que viven en los cómics, con la elegancia de tu estirpe, daría la impresión que a tu paso dejas una estela de la mejor loción francesa.
Qué delicia que estés de vuelta, qué delicia que volviste a reventar las porterías enemigas, qué delicia que tú, André-Pierre Gignac, fuiste inmune a tu minúscula depresión goleadora.
PUMAS - SANOCHO
Triste y dolorosa fue la actuación universitaria, aunque tú, Francisco Palencia, al final del duelo no hayas tenido la lucidez para reconocerlo como tal. Aseverar que sería equivocado crucificar al equipo por un partido, me parece una blandengue y equívoca defensa; existen combates que te marcan por siempre, y éste lo hizo.
Qué diferencia contigo, Matías Almeyda, que en tu discurso final después del Clásico reconociste la derrota y al ganador, y dijiste vámonos a casa sin llorar. Todos estamos obligados a elevar el debate sobre el balón; tú, Matías, sí lo hiciste.
Tú, Francisco, elegiste el lugar común, ésta es tu primera severa lección como entrenador, recordando que llevas poco tiempo ejerciendo este chispeante oficio, tu experiencia al frente de un equipo profesional es pequeña, y se notó en la cancha y en la conferencia posterior a la sádica caída. Dejemos de lado la cruel cantidad de goles que le encajaron a los Pumas; y debieron ser una manita más, lo pavoroso fue la diferencia en el trámite del juego, parecían dos equipos pertenecientes a distintas divisiones.
Nunca ajustaron, sencillamente permitieron que el tsunami los arrastrara sin piedad, nadie se rebeló, nadie hizo nada; perder un partido ante la pluralidad y virtuosismo del equipo de Tigres es normal, abandonarse no lo es.
Este novedoso proyecto universitario está en ciernes y genera dudas. Quitándote a ti, Sergio Egea, los demás poseen escasa pericia y conocimiento en los cargos deportivos, por lo que revolucionar el medio como dicen harán, no les será nada fácil. Y deberían empezar por dejar de usar con tal facilidad el concepto de la cantera, remitiéndonos a su once tipo en las últimas jornadas, el cual fue con Palacios, Verón, Fuentes, Alcoba, Van Rankin, Cortés, González, Martínez, Britos y Gallardo; observo pocos, muy pocos chavos.
Tener varios futbolistas en su alineación inicial que surgieron de las entrañas universitarias hace más de 10 años no es tener cantera, totalmente lo contrario, es evidente que no existe una palpable renovación.