Autonomía a Osorio o fracaso anunciado
Juan Carlos Osorio es tan culpable de la pobreza de futbol en que se ha convertido la Selección Nacional, como los propios futbolistas.
Atletas sin orgullo deportivo que se han acomodado en el casillero de las divas, que nunca son responsables de lo que sucede, que siempre hay un factor externo que los lleva a los malos resultados. No juegan por el equipo mexicano, juegan por ellos y cuando ellos quieren.
Lamentablemente, hoy vemos una Selección Nacional carente de líderes. Una generación que lleva muchos años tomando a la Selección y no ha pasado nada, absolutamente nada. Puede irse Osorio y pasar cien entrenadores distintos y será lo mismo.
Faltan recursos energéticos en el campo, elementos que metan un grito a tiempo, que compongan lo que puede descomponer el entrenador con ideas tan elevadas como inentendibles, y que puedan ayudar a componer las cosas en el transcurso de un partido. Como está el futbol de Concacaf, con el nivel actual de la Selección seguramente clasificarán al Mundial, pero en Rusia será lo mismo de toda la vida, no pasar más allá de Octavos de Final.
De ahí que se deba tomar una decisión tajante. Que sacuda a esas estrellas para que entiendan de una vez por todas que no son los dueños de la Selección Nacional y que si aceptan venir cuando se les convoca van a estar a las órdenes del entrenador en turno, aunque no les guste su manera de trabajar.
Que entiendan, que no trabajan ni para, ni por Juan Carlos Osorio, sino por el equipo mexicano y que son tan responsables como el estratega de la pobreza futbolística que viven. Y si no lo entienden, que no los vuelvan a llamar.
Pero para eso y para que verdaderamente se vea un cambio en esta selección, se necesita que el técnico, en este caso Osorio, tenga total autonomía en sus convocatorias. Nadie debe estar por encima de las decisiones del entrenador, y si no quiere llamar, por ejemplo, a Javier Hernández para jugársela con Ángel Zaldívar, que lo haga y que no se deje mangonear por directivos o patrocinadores.
Y así puede haber otros ejemplos de los futbolistas que estuvieron el pasado martes en la cancha del Azteca con una actitud fuera de lugar.
Si Andrés Guardado no se siente cómodo con el colombiano, que no lo llame más y busque otra opción. No deben existir indispensables, pues lo único que hacían era que se vendieran boletos; ahora ni eso.
Para estos futbolistas no habría mayor castigo que el olvido, lejos de los reflectores y los patrocinios que los han endiosado al grado del ridículo que hemos visto. Pero no se trata de crucificarlos, al revés, se deben encontrar a futbolistas con hambre, que si bien no tienen el cartel de los habituales, tengan como objetivo principal ganar, gustar, trascender. Entender que no hay algo más importante que la Selección Nacional.
El pretexto de jugar en Europa debe sacudirse de una buena vez de la Selección Nacional. Los mejores tiempos del Tricolor, cuando sí ganaban y levantaron el trofeo de la Confederaciones en 1999, todos los seleccionados participaban en la Liga mexicana. Mucho daño le hizo al futbol mexicano los títulos juveniles Sub 17 y la medalla de oro en Londres: muchos creyeron ser lo que nunca han sido.
Otro punto fundamental para poder tener éxito es el estratega nacional sea quien elija los partidos de preparación para evitar lo que su sucederá en octubre cuando enfrentarán a Panamá, que es su segundo encuentro del Hexagonal. Sobre todo en los duelos que están programados como fecha FIFA, en esos se tiene que poner especial atención y hacer bien la labor de gestionar estos juegos. No dejarse de nadie y de nada, porque además con el dineral que gana SUM por estos partidos bien podrían tener rivales de jerarquía y no desperdiciar el tiempo jugando contra juveniles de Senegal o con la “toda poderosa” selección de Nueva Zelanda.
Si el entrenador nacional, llámese Juan Carlos Osorio o como se llame, logra esto, puede haber un cambio; si no, todo seguirá igual y como en el deporte de este país, estaremos reviviendo los mismos problemas del ciclo anterior, cuatro años después, aunque en este caso con presupuesto privado, pero que no deja de ser un papelón más.