Bolt no es más lento con una medalla menos
Usain Bolt hizo un esfuerzo sobrehumano para nunca esforzarse.
Con una medalla menos, no es más lento.
Usain fue tan rápido como quiso, porque así como siempre aceleró, siempre frenó. Pero no apretó. Nunca apretó.
Sus pies de chita duermen en la almohada del récord que pudo ser otra vez y no fue, porque la ciencia no quiso que fuera.
Su 1.95 está en constante relación con la atmósfera. Si fuera un motor, explotaría. Por eso requiere paracaídas.
A Bolt hay que analizarlo desde las probetas, los tubos de ensayo, los apuntes y las libretas llenas de apuntes científicos que teorizan que la desaceleración llega al cuerpo cuando la energía almacenada en los músculos se agota.
Pero con Bolt todo es diferente. Sus casi dos metros de altura redundan en 100 metros recorridos, a través de unas zancadas mecanizadas. Donde otros requieren 45 de ellas, el de Jamaica sólo necesita 41.
La ciencia tiene voz gracias a Bolt. Sus poco más de cuatro decenas de pasos son explicados: La clave de su incomparable éxito descansa en la desaceleración. No es que llegar a la meta casi caminando sea un capricho.
Voltear y sonreír sí lo son, pero todo tiene una razón: Después de alcanzar los 43 km/hr, en 70 metros, Usain reduce el ritmo cada 10 metros. ”Todo esto es debido a la 'barrera física' impuesta por las condiciones en la Tierra. Si Bolt corriera en un planeta con una atmósfera mucho menos densa, podría alcanzar registros de proporciones fantásticas”, explican los hombres de lentes y batas.
Los científicos calculan que Bolt despliega su máxima potencia cuando transcurre menos de un segundo de carrera. También se ha descubierto que menos del 8% de la energía que producen sus músculos son utilizados para trasladarse y que el resto es absorbido por la fricción del aire.
Donde la mayoría de los seres humanos tienen cerca de mitad de músculos con fibras rápidas y la mitad con fibras lentas, Bolt acumula el 80% de musculatura configurada de fibras veloces.
Los competidores corren agachados. Ejercer fuerza horizontal para empujar el cuerpo hacia adelante facilita la resistencia aérea. La energía aeróbica utilizada alcanza los entre 43 y 45 kilómetros por hora, pero el jamaicano no le solicita tales permisos a la física, a la que en ocasiones se empeña en llevarle la contra.
“Todos los mamíferos que realizan ejercicio intenso, ya sea un maratonista, un chita tratando de atrapar a sus presas o la presa tratando de evitar ser comida, usan la energía almacenada en el cuerpo, por lo general en forma de glucógeno”, explica Karen Steudel, profesora de zoología de la Universidad de Wisconsin. “Una vez que esta se agota, el ser humano o el chita se queda básicamente sin gasolina”.
En Bolt todo es más evidente. Y más contradictorio, porque mientras sus competidores explotan al final, nunca alcanzan su velocidad. Él por eso se administra. Pero lo hace más lento que los demás.
Si es más rápido en la aceleración, también es más lento en la desaceleración, lo que sintetiza una combinación ganadora, casi infalible. Sabe cuándo le conviene ser rápido y cuándo ser falsamente lento.
El profesor Peter Weyand descubrió que la velocidad depende de dos variables: La fuerza con que se presiona contra el suelo y el tiempo que uno se aplica esa fuerza.
Si a las piernas se les entiende como resortes, la fuerza de éstos empuja contra el suelo; es por eso que quien más puede impulsar el cuerpo hacia adelante, maximizará la salida de cada paso. “La cantidad de tiempo de las piernas en el aire es 0.12, sin importar si eres rápido o lento”, concluye la ciencia.
“Si usted está cavando un hoyo en la tierra, puede tener una palanca más larga. Si puede controlar esas largas palancas y hacer que funcionen de manera eficiente, eso es una gran ventaja”, finaliza Weyand.
“Mis probabilidades son las mismas de siempre: ¡excelentes!”. Lo dice Usain Bolt. Lo ha confirmado la ciencia.
Un dopaje ajeno de Nesta Carter le arrebata una medalla, ganada en la prueba de 4x100 en Beijing 2008.
Lástima por la presea, que, a partir de hoy, se volvió lenta.