Caras nuevas
La macabra estadística que pululó encima del juego frente a Portugal, dramáticamente pareció sentenciar, como presagio, el resultado final. México en juegos FIFA, fuera de nuestras fronteras, nunca ha ganado a nivel Selección Mayor un partido de eliminación directa. Eran 10 y ahora son 11 los encuentros diluidos. Tan claro está que no lo lograron ediciones pasadas de escuadras nacionales, como tampoco lo ha hecho en más de ocho años la mayoría de los futbolistas actuales, a los que varios porristas, no veo otra manera de llamarlos, han decidido calificar como la mejor generación de la historia o la generación dorada.
Más allá de la triste y patética imagen, por segunda ocasión mostrada durante el torneo, por parte del entrenador Juan Carlos Osorio, quien dicho sea de paso empieza a dejar palpable que en choques de alta exigencia se nubla y se desespera al punto de insultar en la amplia gama de idiomas que maneja a quien se le ponga enfrente, repitiendo las no tan lejanas y asquerosas posturas de su antecesor, México tuvo en Ochoa, y en el juego frente a Nueva Zelanda a Talavera, a sus dos más grandes figuras del certamen. Eso en cualquier lado es poderoso indicativo que, más allá de posesión de pelota, existen alarmantes baches defensivos que no se logran subsanar desde hace por lo menos un lustro.
Varios dirán, ‘para eso está el arquero’; sí, una o dos veces por juego, no cinco o más ocasiones claras cada 90 minutos. Porque no sólo pasó ante el monarca de Europa, también sucedió frente al de Oceanía.
El asunto es que, quitando ciertos esbozos individuales, la escuadra nacional necesita eliminar la cofradía de amigos que sigue imperando internamente.
Por eso la incipiente y cansina Copa Oro, con su bajísimo nivel competitivo de toda la vida, se abre como un bálsamo no para la estadística ni el conjunto, sino para algunos elementos que vienen desde atrás, buscando dar algunos pasos sólidos en convocatorias nacionales.
Jugadores como Pereira, Molina, Gutiérrez, Pizarro, Orbelín y quizá una sorpresa más tienen enfrente la enorme oportunidad de tratar de lucir con jerarquía, dentro de un torneo que invita al aburrimiento y al desgano.
Porque es momento de ir pensando en desactivar las eternas oportunidades perdidas de algunas ‘vacas sagradas’ del Tricolor Mayor, que bajo el manto sagrado de ‘generación dorada’ y sobre todo de la visión idealista de lo que ‘pueden’ dar y no basado en lo que han ‘dado’, se necesita de una manera u otra cambiar, modificar y, por qué no, jubilar a algunos elementos que desde hace rato sólo tienen cabida por vivir en Europa o ser mediáticos.
Porque al final, si al quinto partido y demás sueños sostenidos en nubes no se ha llegado con los de siempre, pues bueno, traer a varios nuevos no garantiza cumplir semejante objetivo, pero por lo menos si la Selección ha de morir otra vez, que sea con otra versión que busque la misma ‘gloria’, esa que varios se han cansado de dilapidar.