Chicharito: demasiado drama
No es un aspecto técnico -el regate o el ‘dribling’ que jamás ha sido su parte más atractiva en la cancha- ni tampoco un asunto físico -que se haya descuidado o esté pasado de peso-. Javier Hernández está ante la batalla más importante desde que apareció sonriente en la oficina de Sir Alex Ferguson durante aquella primavera del año 2010. El Chicharito trata de recuperar su arma más letal en la cancha, en el área, ante la portería contraria e incluso la que lo sostiene firme y vencedor frente a la opinión pública y la crítica: la mentalidad.
En alguna parte de la estructura mental del jugador del Bayer Leverkusen está reflejada la ausencia del gol, que se ha incrementado de forma dramática: empezamos contando los juegos, hoy contamos los días, los minutos y los segundos. El Chicharito ha dejado de ser confiable en lo que mejor hacía desde que irrumpió en un nivel más desarrollado del juego: los goles.
Algunos pensarán, erróneamente, que un tema mental en un futbolista es algo pasajero, trivial y que nada tiene que ver con la gravedad de una lesión física. Equivocación. La fuerza mental en un atleta de alto rendimiento es fundamental para rendir en la cancha y lo es más cuando se trata, justamente, de un deportista o en este caso de un futbolista mexicano. Por años, por generaciones y generaciones, hemos visto cómo el jugador mexicano de futbol suele traicionar desde arriba -desde la cabeza- hacia abajo -las piernas- las grandes virtudes que la vida y el destino le han otorgado. Ello, justamente, hacía y hace diferencia con Javier Hernández.
Hay muchos factores que pudieron haber afectado al Chicharito. No voy a meterme en asuntos personales. Es algo que no me compete y que estoy seguro que él puede y debe resolver con base a su propia inteligencia. En la cancha, al mismo tiempo en que su equipo ha acusado una baja de juego -no es el mismo Leverkusen de la temporada anterior, con lo cual, la tarea de un goleador suele dificultarse-, el Chicharito, consciente, preconsciente o inconscientemente, ha perdido la brújula.
Y todo parece una “olla exprés” o una “bomba de tiempo”, porque ahí estamos, los mismos que aplaudíamos impresionados y eufóricos sus irrupciones desde la banca del Manchester United, o la del Real Madrid o desde los días donde conoció la regularidad en el club alemán, hoy parecemos demasiado preocupados por su lejanía de una condición regular de juego y de producción. Creo que estamos exagerando. Creo que estamos buscando morbo donde no lo hay. Creo que valdría la pena tranquilizarse y tomar las cosas con calma.
La única garantía que existe y está vigente en esta historia sigue siendo la educación que tuvo Javier Hernández. Y ésa es la que seguramente lo sacará adelante en estos momentos complicados de su carrera. Al final del día, lo que hay es un chico -ya no tan joven- abrumado, presionado y distraído, pero no hay otras escenas comunes -yo diría muy comunes- en este tipo de casos: ¿Vicios?, ¿alcohol?, ¿drogas?, ¿escándalos?, ¿malas influencias?, ¿mala actitud? No, para nada, está y estará siempre la certeza de un chico de casa, educado y cuidado por la familia, que puede, dentro de su propia inocencia y juventud, “perder el piso”, “marearse” con la fama y el éxito, pero que tarde o temprano volverá a las bases sólidas de su cuna y de su estirpe.
Basta de dramas: Javier Hernández recuperará en cualquier momento sus condiciones goleadoras, una vez que vuelva al campo y ponga cada cosa en su sitio, una vez que vuelva a casa y ponga cada idea en su lugar.