Coloso
El viento caliente de la costa Vallecaucana le golpeaba el rostro mientras corría libre por la arena desplomando rivales, es que en verdad era imparable, y mira que jugaba y mucho, pero el tema físico era su lozanía. Freddy desde adolescente fue una mole de músculos alimentada de puro pescado y caña de azúcar. Un monumento físico irrepetible que entrelazaba velocidad y técnica, pero con un enorme defecto: siempre cansino, dosificando el esfuerzo, digamos que vivía cómodo, sabedor de sus dotes a la hora que él lo decidiera.
Cuando entró al Atlético Buenaventura, venía de jugar con el Helados Kitty, un pequeño equipo que lo vendió en 300 mil pesos. “De ahí le tocó ocho por ciento del pase a Freddy; ese dinero se le dio a mi mamá que compró una licuadora, una plancha y además nos dio mil pesos a cada uno de nosotros”, le contó a El País de Cali, Ignacio, el hermano mayor.
A Rincón le costaba jugar con zapatos, le eran incómodos y solía despacharlos en cuanto se pitaba el final de la práctica; acto lógico para aquel silvestre muchacho que acostumbraba a desplazarse descalzo, sin armadura, sin agregados.
Justo el día que su madre Rufina salió de la humilde casa con techo de lámina para recibirlo con un abrazo y decirle que había sido aceptado para cursar la carrera de Ingeniería Química, evento que lo convertiría en el primero de los Rincón Valencia dentro de la Universidad, él había recibido la oferta de un promotor que lo llevaría a probar suerte a Bogotá con el club Independiente Santa Fe.
Fueron horas difíciles, ya que por un lado estaba el ser jugador profesional de futbol, el sueño de su vida, y por el otro se presentaba el enorme orgullo y satisfacción que provocaría en casa su ingreso a los estudios superiores.
El menor de tres hermanos optó por insistir con la pelota, esa que lo haría abandonar su pueblo en busca de fortuna para alimentar mejor a los suyos; quizá pensó en la inmediatez de lo que le podía dar el tratar de triunfar en el futbol, que en el largo camino de la instrucción académica y la posterior introducción al mundo laboral. Apostó como millones lo han hecho y en su caso la decisión sería la ganadora.
Atrás quedaría para Freddy la aparente calma de un puerto vital para la economía colombiana, tanto para las buenas exportaciones como el café, los minerales y la manufactura, como para las malas: la droga, ya que esa dársena fue el principal punto de salida que utilizó para sus negocios el peligroso, sanguinario y, para colmo, vecino Cártel de Cali.
Apenas llegó a Bogotá y se encontró con la dura realidad de la capital; es cierto, con sus bondades, exageraciones de gran ciudad, pero con esa dosis inherente de anonimato y supervivencia.
Jorge Luis Pinto sería el encargado de aceptarlo en el club ‘Cardenal’. Ahí los entrenamientos eran duros y el profesionalismo tocaba la puerta en la vida de Rincón. Llegó a jugar con zapatos prestados y tres números más chicos porque apenas llegó y le robaron los únicos que tenía.
Las condiciones que abundaban en su juego y físico eran desperdiciadas por su hartazgo y desgano, hasta que el técnico de dura fama militar lo citó en privado y le mostró las credenciales. “Escúcheme bien Rincón, acá yo tengo al mejor futbolista de la Liga colombiana; el asunto es que si usted no se compromete y se quita la pereza de encima, fracasará rotundamente, así que como el mejor jugador de este torneo, necesito que se entrene y comprometa como lo que usted es, entendió”.
Por suerte, Freddy no dejó en vano aquel reclamo y entendió que si deseaba trascender debía sacar de un manotazo las telarañas que la desidia había tejido entre sus ojos.
“Siempre le estaré agradecido al profesor Pinto, fue duro y claro conmigo, sin duda, me ayudó mucho en todos los aspectos, me hizo cambiar de mentalidad y me enfocó en lo importante, fue el mejor entrenador que tuve”, contó en Caracol.
Cuando Rincón se decidió todo cambió; las portadas, los micrófonos y las ofertas abundaron, nunca desvarió perdiendo el objetivo principal de ser figura, jugar en la selección y ganar mucho dinero.
Dentro del campo era de pocas palabras, pero de muchos actos, gracias a sus arranques devastadores que lo hacían llegar con enorme facilidad al frente de ataque y terminar como un delantero más. Aprendió a sacrificarse en la recuperación de la pelota y en muy poco tiempo hizo realidad los pronósticos de Pinto dentro del futbol local, situación que lo impulsó a la selección Colombia y al América de Cali.
“Estuve dos años sin ser convocado a la selección; sin embargo, nunca dejé de luchar para regresar. El técnico entendía que yo no era factible en aquel momento, pero cuando se acercaba el Mundial de Italia nunca perdí las esperanzas de que me llamaran”, relató para RCN.
Colombia venía cocinando un agradable equipo con gran defensa y enorme cadencia ofensiva. René Higuita y Carlos Valderrama descosían el futbol sudamericano y a su alrededor cualquiera con talento podría brillar. Con un martillo en el medio sector como Leonel Álvarez y ‘El Pibe’ flotando a placer, ‘Pacho’ Maturana vio en Rincón el látigo que haría diferencia.
Corría el minuto 92 en San Siro, con el fresco gol de Littbarski. que todavía los alemanes festejaban, la desenfadada y honorable presentación colombiana se quedaba fuera del Mundial en primera ronda; sin embargo, Valderrama frotó la lámpara y en el hueco que nadie vio colocó un riel de frente a Illgner para un expreso marcado con el número 19. Rincón tomó la pelota y la diluyó entre las piernas del arquero del Colonia.
Su cuerpo se contrajo con un grito eterno de gol, celebrando con los puños cerrados en el córner del estadio milanés mientras toda Colombia se subía en sus hombros al igual que sus compañeros, sin poder derrumbar a un coloso de ébano poseído por la fuerza y adrenalina de Sansón.
“Aquel día lo recuerdo como si fuera hoy. Me pasaron muchas cosas por la mente mientras tenía la pelota. Si pegarle cruzado, si darle fuerte al palo del portero y al final decidí tocarla por en medio. Nunca me imaginé en aquel momento todo lo que representaría ese gol para mí y para la gente. Pero sin duda es el mejor momento de mi carrera”, le contó con alegría al programa Noches de Futbol.
Colombia se iría después luego de que unos de sus próceres no se traicionara en fondo y forma y así como muchas veces las locuras de Higuita dieron alegrías, en Nápoles serían el final contra Roger Milla y Camerún. Sin embargo, la huella de aquel ataque suicida que realizó Freddy por la banda derecha del Giuseppe Meazza le abriría con el tiempo el mundo del balón.
Sólo le faltaba otro fulgor más en un gran escenario y ese fue en Buenos Aires, cuando visitaron a Argentina en busca del pase al Mundial 94. La escuadra de Maturana ya había sido capaz de quitarle en Barranquilla el invicto de 33 partidos al equipo de Alfio Basile. La Albiceleste sin Maradona y con el bicampeonato de América en la mano estaba obligada a ganar. Nadie se imaginó que aquella tarde-noche la cancha de River preparada para un carnaval, atestiguaría la caída más grande en la historia como local del conjunto rioplatense.
Fue un baile de aquellos, de esperpento, de gloria, de humillación y de graduación. Aquel famoso 5 a 0 con dos de Rincón, dos de Asprilla y uno de Valencia, fue capaz de poner de pie al público argentino aplaudiendo a su rival e hizo que la revista El Gráfico publicara por primera vez en su historia la portada en negro con la palabra Vergüenza; fue tan grande aquella presentación y los antecedentes inmediatos que ese resultado sacó a Colombia de Buenos Aires como candidato a campeón del mundo. De ese tamaño había sido la gesta, que el planeta futbol se arrodillaba ante la presencia de un equipo realmente espectacular y quizá invencible.
Pero los fuertes intereses económicos, la ilusión disfrazada de presión y el desorden ante la algarabía no le dieron paz ni tiempo a un plantel que había alcanzado su tope máximo meses antes de la Copa Mundial.
Horas antes del juego contra Estados Unidos, que sería famoso por el fatídico autogol de Andrés Escobar, Maturana y su auxiliar, ‘Bolillo’ Gómez, recibieron una amenaza desde Colombia. “Oiga Maturana, escuche bien y anote. Saque a ‘Barrabás’ Gómez y ponga en su lugar a ‘Pitufo’ De Ávila. Si no lo hace es hombre muerto”. Del mensaje nunca se aclaró su procedencia, pero muchos afirmaban que apostadores profesionales y gente vinculada al Cártel de Cali orillaron al entrenador a hacer la modificación porque aseguraban que la derrota ante Rumania en el primer juego había sido culpa de Gómez. Maturana presentó la renuncia, misma que fue rechazada. Colombia no supo lidiar con el sitio de favorito y terminó haciendo el ridículo en primera fase contra todo pronóstico.
“Nos faltó paz, tranquilidad. Ese hotel era una fiesta, no podías caminar un metro cuando ya había gente pidiéndote un autógrafo. Nos faltó privacidad”, tiró Freddy para Telepacífico.
No obstante, individualmente seguía en la cúspide y se fue a uno de los Palmeiras más poderosos de todos los tiempos. “Había media selección brasileña en el plantel. Al principio me costó un poco al ver tanta figura, pero después entendí que si me habían contratado era por mi calidad”.
Europa lo llamó y en Nápoles tuvo sinsabores. “Al principio el técnico me puso como delantero porque como metía muchos goles pensaba eso. No me fue bien hasta que me reubicaron de posición, de ahí me fui al Real Madrid”.
Jorge Valdano lo pidió como prioridad ante un presidente Ramón Mendoza emocionado y en plena salida de su mandato, pero con un Lorenzo Sanz escéptico como heredero a la Casa Blanca.
El ambiente enrarecido, la baja forma de juego, el cese de Valdano, la despedida de Mendoza, el desdén de Sanz pidiendo su suplencia al sustituto en el banquillo merengue Arsenio Iglesias y la parte más radical del Bernabéu hicieron que el combo fuera dinamita pura.
“Rincón, vuelve a la selva”. “Rincón te busca el K.K.K”. “Valdano sólo ficha sudacas. Rincón, fuera”. “Rincón te vamos a matar”. “Rincón eres ‘blanco’ fácil”. Fueron las racistas y xenófobas pancartas que abochornaron a la opinión pública mundial.
“Fue difícil, traté de que no me afectara. Creo que son cosas que no deberían pasar porque todos somos seres humanos”.
No tuvo otra opción que volver a Brasil, en donde encaminó sobre todo su estampa de ídolo con el Corinthians, equipo al que hizo campeón del primer Mundial de Clubes en 1999, provocando primero que un gol suyo dejara fuera, en forma de revancha, al Real Madrid y posteriormente levantar la Copa ante el Vasco da Gama de Romario y Edmundo.
Santos y Cruzeiro también disfrutaron de su imponente fuelle, despliegue y futbol. En medio fue involucrado por las autoridades panameñas en el desvió de dinero del narcotráfico mediante una empresa suya en aquel país centroamericano. Fue encarcelado cuatro meses y siempre se describió como inocente. Se fue a vivir a Miami y tras dos años en el retiro, el Corinthians le dijo que sería una buena idea dejar el futbol de otra manera; por ello lo invitó de nuevo al escenario. “Me gustó la idea. Bajé 12 kilos en un mes. Me puse los ‘guayos’ (zapatos de futbol) y regresé. Fue medio año, todavía tenía otros seis meses por delante, pero preferí no seguir, ya no estaba con la cabeza para el juego. Me fui feliz con la camiseta que quería hacerlo”.
Hoy Rincón alterna Sao Paulo con Cali, tras intentos como entrenador en equipos menores, vive como comentarista y se decepciona por no formar parte activa del futbol colombiano, ya sea como dirigente o entrenador.
“Mas de 30 años dedicado a esto. Jugué tres Mundiales, digo mi verdad y la gente se molesta. Creo que al final algo de esto sé y nadie me da la oportunidad de estar porque incomoda mi estilo”, suele replicar con desgano en estudio de televisión que se pare. Aquel mismo desgano que un día como aspirante a estrella le arrancó de tajo Jorge Luis Pinto; quizá ya es tiempo que Freddy recapitule, destile esa espiral destructiva mental que lo nubla y arranque otra vez para volver a ser nuevamente un coloso, pero ahora fuera de la cancha.