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Correr por las razones equivocadas

Columna de Vero Velázquez 15-07-2016

¿Usted se ha puesto a pensar cuál es su principal motivo para correr? ¿Cuál es la razón profunda que lo motiva a ponerse los tenis y salir a la calle a entrenar? ¿Qué es lo que lo hace tomar la decisión de poner un despertador a las cinco de la mañana en domingo para ir a correr 10 kilómetros junto con otros miles de corredores?

En últimos días he reflexionado sobre mis propios motivos para correr. Observo a corredores cercanos a mí, observo su determinación para lograr una marca, su persistencia para entrenar, su frustración cuando están lesionados y las miles de formas que encuentran para darse tiempo para entrenar a pesar de sus circunstancias de vida.

Están los corredores que trabajan, con jornadas largas y que optan por iniciar el día tres horas antes de las personas que no corren, esos corredores que ponen el despertador incluso antes de las cinco de la mañana, para estar en la pista a las 6 am y estar ya sentados frente a su computadora a las 8 am.

También están los corredores que adicional a su trabajo, tienen la obligación de ser padres y que por lo tanto tienen que cumplir con el doble turno laboral, llegar a hacer tareas y convivir con su familia. Estos corredores a veces encuentran media hora para correr a la hora de su comida, o salen a correr antes de que despierten sus hijos, para regresar y cumplir con la tarea de llevarlos a la escuela.

O qué tal los corredores que estudian y trabajan y que encuentran tiempo entre sus obligaciones para entrenar entre clases o a la hora de la comida.

Todos estos son corredores recreativos, que independientemente de su nivel o compromiso como corredores, a mí entender deberían de compartir un mismo motivo para correr, al menos a nivel muy profundo.

Quizás las razones superficiales pueden ser: bajar de peso, mantenerme en forma o mejorar mi condición física, hacer algo de ejercicio, sentirme activo y con energía, reducir mi nivel de estrés, darme un tiempo para mí o compartir un espacio de esparcimiento con mi pareja o amigos.

En fin, todas estas motivaciones tienen un común denominador y es que logran un beneficio físico o emocional para el corredor, cuya raíz debe ser el autocuidado, el amor propio.

Sin embargo, siento que hay cosas que han empezado a distorsionar nuestro motivo genuino para correr y que inevitablemente interfiere en el resultado, por no decir que tiene consecuencias negativas. Me refiero específicamente a correr olvidándonos de que el fin último es el balance físico y mental.

Toda esta reflexión es para invitarlo a usted, amigo corredor, a correr manteniendo presente que se trata de tener salud, no de ignorar dolores y ser agresivos con el cuerpo. Correr con la misión de compartir tiempo con quienes disfrutan de esta afición, pero sin olvidarnos de hacer tiempo para nuestras familias. Correr para competir con nosotros mismos, con la intención de mejorar y de sentirnos bien.

Y si por alguna razón correr no lo hace sentir maravillosamente, si está afectando algún aspecto de su vida, tómese un tiempo para pensar si de casualidad está corriendo por las razones equivocadas.