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Cruz Azul es la ceguera del futbol

Cruz Azul es la ceguera del futbol Felipe Morales

La única razón por la que existe el tiempo es para que no suceda todo a la vez.  O para que pase muy tarde o muy temprano. Cruz Azul lo supo, mitad por su retrasado y perdido viaje hacia la Liguilla y mitad por su estéril prisa de gol. La Máquina está eliminada. Chivas, iluminada. 

En esa abstracción de manecillas y relojes de arena, La Máquina condensó los esfuerzos en un minuto. En 60 segundos, Richard Ruiz ingresó al área, por derecha, con la comodidad con la que entras a tu casa; después prendió la luz con el empeine derecho, que, a la vez, encendió el primer poste. Gol instantáneo.

Pero en ese viaje acelerado apareció también el Rebaño. Ángel Saldivar respondió con voz de anotador. Dio la sensación de que iba perseguido por una manada, cuando corrió 30 metros en una Pamplonada interna. Edificó una pared con Marco Bueno y escapó del problema para hacerlo solución en  forma de gol. Uno muy zurdo.

Joao Rojas se confirmó como un futbolista egoísta. En una cabalgata, a campo abierto, Rojas encontró el poste, donde debió existir una asistencia de gol al solitario Jorge Benítez. El gol también reclama atisbos de madurez. Joao, en consecuencia, es el trapecista que a un paso de terminar la rutina, se cae en la red…

Como todo debía suceder desde la improbabilidad y lo velozmente inesperado,  el primer minuto del segundo lapso fue el exacto momento en el que el balón proyectado por Edwin Hernandez hizo escala en la punta del pie de Marco Bueno. Fue un gol entrometido, que dejó a Jesús Corona rebasado y desvanecido.

Desde su condición de jugador impredecible, que muchas veces se estrella y otras se esfuma, Jorge Benítez recibió, de espaldas, un balón al que le puso freno con un taquito antiderrapante; luego giró, cruzó y venció. Gol de otro partido, porque Cruz Azul, hasta ese entonces, no lo había jugado…

Pero los celestes se empeñan en ser la desolación hecha futbol. Otra vez. Como siempre. A La Máquina le fascina perder al final, y, en esa dinámica, el ‘Maza’ Rodríguez regresó del inframundo para regalar un penal. Alan Pulido, que en la semana ante el América había mandado un balón a Saturno, esta vez hizo de un cobro, la anotación del triunfo…

Con ello, el Guadalajara vence y convence. Cruz Azul, en cambio, ha perdido los sentidos. Es la ceguera del futbol. No ve. Tampoco escucha, no huele y ya no siente. Mucho menos paladea alguna diminuta pizca de gloria. Es, en síntesis, un equipo inanimado, una vez más eliminado…