Damm condimentó el futbol gourmet de Tigres
La estela dejada por Jurgen Damm aún conserva el vapor de su velocidad. Ayer Tigres tuvo ansiedad de triunfo. Pumas fue vencido y exhibido por la sorpresa y la prisa de un carterista perseguido, pero nunca alcanzado como Damm, que después, en su festejó, condimentó el futbol gourmet de Tigres con un poco sal y pimienta, que sacia el exigente paladar de Liguilla.
Ismael Sosa hizo un gol lleno de ruido y silencio. Javier Aquino filtraba un balón hacia la inasistencia de Gignac, pero esa pequeña distracción involuntaria era aprovechada por la mesura del delantero caro, al que le bajan las pulsaciones en el centro del área. Sosa cruzó su disparo al poste derecho con la voluntad por delante y el respeto a su exequipo por detrás.
Rabello era contenido por Jesús Dueñas en un disparo resuelto con la espalda y Cortes por Juninho en un tiro rechazado en la raya. Pumas era la síntesis de la falla.
Tigres, en contra parte, era la consistencia de los esfuerzos cristalizados en la superioridad. Lo sabía Gignac, que envió un centro en el que la técnica individual reclamó notoriedad. Saldívar se cruzó en la trayectoria de aquella amenaza de cuero servida a Edu Vargas, que terminó con un choque de entre ellos…
Después, Damm arribó al área montando a caballo. Hizo el gol con un disparo hiriente y cruzado; luego arrancó un poco de pasto para rociarlo en el sartén de la portería y darle sabor a la cancha.
Pumas quedaba jugado a campo abierto. La vulnerabilidad felina era proporcional a su exposición en los últimos 25 metros; en ese trecho, Damm se subió a una motocicleta acelerando y haciendo estallar el velocímetro. Dejó en el camino a un Darío Verón, resignado en su trote, y sacó al arquero amagándolo hacia afuera. Luego anotó y festejó como Cristiano Ronaldo. Fue una calca en la veloz gestación de la anotación y una pálida imitación en su celebración.
Y apareció en escena Gignac, recortando de izquierda a derecha para encontrar el segundo poste con una pelota que iba botando coqueta. El gol 50 del frances con la camiseta de Tigres era la consumación de tanta paternidad.
El 4-0 de Tigres no fue otra cosa que la confirmación de que Jurgen Damm cocinó a fuego lento un triunfo a las brasas, ante unos Pumas que se levantó de la mesa sin dar las gracias...