Desgarrado
El murmullo de a poco se apodera de la realidad universitaria. El equipo de Palencia padece demasiado en zona baja y así es difícil tratar de trascender. Está claro que al técnico de Pumas le gusta el ataque, y esto para el espectáculo se agradece; sin embargo, la escuadra del Pedregal está totalmente fuera de balance.
Encontraron en Castillo un jugador letal de cara a portería que con su fortaleza física e instinto hace diferencia arriba, el asunto es que atrás los huecos son enormes porque Pumas tiene un boquete en el medio campo cuando pierde la pelota en la zona de gestación. González solo no puede y mientras los costados para Juan Francisco son vitales en la generación de juego, el centro de la cancha es un desierto a la hora de recuperar el balón. Ya no es casualidad ver correr a los centrales mano a mano contra su portería y dejar en evidencia que al símbolo y todopoderoso Verón el sistema lo perjudica.
Ya que si de algo sabe, y mucho, el paraguayo es de tener ‘timing’ en las coberturas; no obstante, jugando como lo hace Universidad Nacional en la actualidad, el guaraní sufre constantemente porque lo dejan casi siempre para enfrentar duelos personales en velocidad todo el tiempo.
Contra Atlas no recibieron tres goles más porque Saldívar estuvo espléndido, aunado a que los Rojinegros manejan un déficit de contundencia importante, ese que Tigres no tiene cuando las emociones se apaciguan en el equipo de Ferretti.
Tres juegos le restan contra escuadras comprometidas en zona de descenso; choques de doble filo por la intensidad y urgencia con la que seguramente jugarán sobre todo Veracruz y Monarcas, ya que Puebla, a reserva de una hecatombe, estará salvado antes de jugar el encuentro de la Fecha 17.
Es evidente que el negocio del conjunto auriazul es de local, más allá de que vengan con dos derrotas consecutivas en CU; es ahí bajo el sol del mediodía donde Pumas aspira a clasificar y nada más, porque hoy fuera de Insurgentes y Copilco el equipo de Palencia está para cualquier cosa.