¿Dormir o correr?
Aunque decenas de estudios demuestren que hacer ejercicio en la mañana es lo mejor que se puede hacer para acelerar el metabolismo, y aunque todos los libros y artículos de productividad digan que la gente más eficiente es la que se levanta temprano y hace ejercicio, para mí, sigue siendo difícil.
Generalmente, encuentro al menos tres razones por las cuales resulta más atractivo quedarme guardada en las cobijas y no salir a correr. La realidad es que a veces la ganancia obtenida de hacer ejercicio en las mañanas no paga el precio de dormir más.
Sin embargo, hay gente que piensa diferente, que le es fácil brincar de la cama, que no pelea con el despertador, y al sonar la alarma saben que la única opción es despertar y empezar el día. Los admiro muchísimo, sépanlo.
Pero si usted que me está leyendo, es como yo y también le gusta dormir, le tengo una buena noticia. Para nuestra fortuna, recientemente me encontré con una evaluación de 70 diferentes estudios que han examinado los beneficios de hacer ejercicio en la mañana y en la noche. Y la más importante conclusión es que el impacto positivo de la actividad física se obtiene aun si no se hace a primera hora del día y, en ciertos casos, resulta mucho mejor priorizar las horas de sueño que el ejercicio. Así que podríamos decir que en algunos casos, es mejor dormir que correr. Obviamente, esta aseveración tiene letras chiquitas a considerar.
De acuerdo a este análisis, el ejercicio matutino no es necesariamente mejor que el vespertino. Si bien está comprobado que ejercitarnos en la mañana ayuda a acelerar el metabolismo y regular el apetito durante el día, los encargados del análisis no logran encontrar motivos para declarar a los deportistas madrugadores en mayor ventaja. Prácticamente por cada estudio que avala el ejercicio matutino, hay un estudio que lo equipara en horario nocturno. Sin embargo, el análisis permite concluir que el mejor momento para hacer ejercicio es en realidad el momento en el que lo hagas, y si eso significa a las 5 de la mañana o a las 5 de la tarde, da igual. Lo verdaderamente importante es la constancia.
Ahora bien, en cuanto a decidir entre dormir y activarnos, la premisa es: si no se ha dormido suficiente, se debe dar preferencia al sueño sobre actividad física. Pero si esto se traduce en nunca entrenar, tendríamos que hablar de otras prioridades.
¿Por qué dormir más? Un déficit constante de sueño es la fórmula segura para un bajo desempeño en el gimnasio o en la pista. Cuando no dormimos suficiente, se impacta el rendimiento, la coordinación e incluso la percepción de fatiga, haciéndonos sentir que el ejercicio es mucho más exhausto de lo que en realidad es. Y por si esto no fuera poco, la falta de sueño afecta en las hormonas responsables de regular el apetito, haciéndonos más propensos a comer más, gastar menos energía y como resultado, engordar.
Además, el sueño es el único momento del día en el que el cuerpo se repara y se recupera de los entrenamientos. A menos sueño, mayor probabilidad de lesiones.
En conclusión, seremos mejores deportistas si dormimos bien, pero también seremos mejores corredores si nos comprometemos con el entrenamiento.
Así que no se trata de elegir entre dormir y hacer ejercicio, sino de ser disciplinados con el bienestar y realizar ambas actividades.
Si usted no es una persona madrugadora y prefiere regalarse calidad de sueño todos los días, lo felicito. Pero ya que se levante, asegúrese de agendar una hora de ejercicio durante el día. Su cuerpo y su mente se lo agradecerán.