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El dilema de entrenar en el maratón

Columna Velázquez 01-09-2017

El domingo pasado se corrió la 35ª edición del Maratón de la Ciudad de México, y fue una gran fiesta. Este año la competencia tuvo avances evidentes en todos sentidos: en la organización, la participación de corredores, el apoyo de la gente en las calles, etc. En fin, en mi opinión se vio el crecimiento que va
teniendo nuestro maratón capitalino. 

El día anterior a la competencia, el número oficial de competidores inscritos era de 40 mil corredores, una cifra récord para este evento. Sin embargo, el dato exacto del número de finalistas está todavía por confirmarse. El número extraoficial es que terminaron sólo 27 mil corredores. Es normal que todavía no tengamos esta cifra, en todos los maratones del mundo se tiene que hacer una ‘limpieza’ de las bases de datos para eliminar de la lista a todos los corredores que iniciaron, pero no terminaron o que arrancaron de algún punto diferente a la línea de salida.

Las razones por las que no todos los corredores hacen la distancia completa son muchas: falta de preparación para una competencia de este tipo, usar el maratón para hacer un entrenamiento de una distancia larga (pero menor a 42K), una lesión que impide correr la distancia, completar la colección de medallas, acompañar a alguien unos kilómetros o simplemente querer vivir la experiencia del maratón sin hacerlo completo.

El año pasado este asunto levantó mucha polémica en las redes sociales. Sobre todo pasada la competencia, cuando todos fuimos testigos del corredor que se metió a medio camino y que llegó antes que el corredor puntero y tuvo que ser detenido a la entrada de CU para que no arruinara las estadísticas y la llegada del que verdaderamente tenía que ganar. También fue evidente los muchos corredores rápidos intentando hacer una marca para clasificar a Boston, que tuvieron que ‘sortear’ a los que entraron en algún punto del camino sin considerar el ritmo de carrera de los demás.

Con este antecedente, este año varios grupos de corredores se unieron para lanzar una campaña que invitaba a la comunidad a correr el maratón completo y no usarlo para un entrenamiento.

La propuesta incluía hacer la distancia de entrenamiento el sábado y salir a apoyar a los maratonistas el domingo.

La convocatoria fue buena y, para ser la primera vez, fue sorprendente que más de 200 corredores llegaran el domingo a hacer lo correcto, hacer su entrenamiento fuera del maratón.

El Maratón de la Ciudad de México ocurre en una fecha en la que muchos están en preparación para los maratones de otoño y coincide con los entrenamientos de distancias largas de 25, 30 o 34 kilómetros.

El problema es que estos corredores que usan el maratón para hacer la distancia no están conscientes de las implicaciones que representa que no hagan la competencia completa.

El principal riesgo es que los organizadores tienen contemplado un determinado número de recursos, desde abastecimiento hasta elementos de seguridad, y definitivamente los corredores adicionales están fuera de este cálculo. Pero si asumimos que todos los que hacen un entrenamiento durante el maratón sí se inscriben, probablemente podríamos decir también que ‘tienen derecho’ a los vasitos de agua y a los apoyos de los paramédicos durante el recorrido.  Esto es parcialmente cierto, y aquí está el dilema, porque aun habiendo pagado inscripción, estos corredores causan problemas para otros deportistas que sí van por el maratón completo, sobre todo los que no comienzan a correr en la línea de salida sino en algún punto del recorrido.

La principal complicación es que dificultan la llegada de los corredores y merman las estadísticas del maratón. Por todo lo anterior, los organizadores tienen que hacer un trabajo titánico para depurar la base de datos y poder tener las cifras reales, y esto último dificulta que el maratón tenga la calidad que exigimos.

Habiendo tantas carreras disponibles todos los fines de semana, tantos lugares tan bonitos para hacer una distancia, ¿por qué usar el maratón para correr 10, 15 o 30 kilómetros? 

Confío en que el próximo año los corredores ‘colados’ sean menos y que poco a poco hagamos -entre todos- que el Maratón de la Ciudad de México sea uno de los mejores del mundo.