El extraño retorno de...Luis Videgaray
“Ser político es probablemente la única profesión para la cual ninguna preparación se considera necesaria”. Robert Louis Stevenson (1850-1894).
No tengo ninguna experiencia ni conocimiento de la diplomacia. No conozco la Secretaría de Relaciones Exteriores. No soy un diplomático. “Se los digo de corazón: vengo a aprender de ustedes … en un momento en que México nos necesita a todos,” señalaba con candidez o extrema sinceridad el nuevo canciller, Luis Videgaray, al tomar posesión oficial de su cargo el pasado miércoles en la residencia oficial de Los Pinos.
Quien suponga que se trata del regreso del funcionario predilecto de Peña Nieto a una responsabilidad de primera importancia poco o nada sabe de la forma de hacer política en este país. Videgaray jamás se fue, y menos aun ha dejado de ser el principal artífice de las decisiones y políticas públicas adoptadas en temas de economía, hacienda pública y política exterior durante los últimos cuatro meses, habiendo personas que sostienen que la precipitada salida de Carstens del Banco Central, tuvo como principal causa las permanentes desavenencias con el hoy canciller, que con un verdadero deseo de abandonar esa delicada posición. Videgaray ha sido y seguirá siendo el hombre de la mayor confianza de Peña, y durante estos cuatro meses “sabáticos” siguió operando los proyectos políticos que le fueron encomendados.
Su llegada a la cancillería no debe ser motivo de sorpresa alguna. Habiendo sido responsable de la oprobiosa visita de Trump a México de agosto pasado, inclusive con el desconocimiento total de la entonces canciller, Claudia Ruiz Massieu, producto de las relaciones que, se dice, mantiene con el yerno del presidente electo de los Estados Unidos, seguramente ha sido motivo suficiente para Peña Nieto creer que no habrá un mejor interlocutor, por ahora, para enfrentar el vendaval (huracán) que se dejará sentir a partir del 20 de enero. Si alguien tiene las herramientas para tender puentes con la administración de Trump debe ser Videgaray, habrá supuesto Peña al tomar esta nueva y duramente criticada decisión.
Para los más versados en los complejos temas de la política nacional, la llegada de Videgaray a la Secretaría de Relaciones Exteriores debe ser leída también como la unción de este funcionario federal a la candidatura del partido oficial a la presidencia de la República. La visibilidad internacional que tendrá durante los siguientes 12 meses será igualmente suficiente para legitimarlo frente a los gobiernos con los cuales México mantiene estrechas relaciones diplomáticas. Así lo creo yo también. El tiempo se encargará de confirmar lo que hasta hoy no es más que una mera suposición. Los golpes bajos se dejarán sentir con fuerza también.