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El fracaso no es de uno

columna velázquez 16-08

Lo que sucede en estos momentos con el deporte mexicano es una porquería. Escuchar declaraciones donde sólo se acusan unos a otros, demuestra la baja calidad de gestión de los dirigentes mexicanos. Se ‘tiran’ todos los involucrados en lo que debería ser el desarrollo deportivo en nuestro país, no da más que una visión de la poca preparación y educación. Desde el presidente del Comité Olímpico Mexicano, pasando por el director general de la Conade hasta los atletas es digno de un análisis a fondo en el que ninguno de estos personajes se salvaría de un juicio público por algunas de sus acciones.

Carlos Padilla Becerra y Alfredo Castillo llevaron  su disputa hasta Río, en donde la mediocridad de los atletas mexicanos sólo ha sido opacada por la grilla de estos dos personajes, quienes nunca han podido coexistir en el universo del deporte y ahora sacan sus frustraciones a distancia.

En este fracaso no hay quién se salve. Ni directivos ni atletas. Todos con su grado de responsabilidad que deberían aceptar y en lugar de buscar a quién tirar la culpa, tendrían que hacer una autocrítica de su actuación, no solamente en los juegos, sino en todo el proceso olímpico, que desde el inicio estuvo manchado porque cada quien jalaba para su conveniencia.

A Alfredo Castillo lo acusan de no saber de deporte y probablemente tengan razón. Llegó después de la pésima gestión  de Jesús Mena a tratar de poner orden a las federaciones y demás beneficiados con los impuestos de todos los mexicanos. De inmediato lo vieron como el enemigo a derrocar y desunió más de lo que logró en cuanto a terminar con la corrupción. Ya en Brasil, el episodio de su acompañante vestida con el uniforme con el que desfilaron los atletas en la inauguración, le dio más armas a sus detractores. Con Mena la Conade y el COM eran un mismo.

Más allá de si pagó de su bolsillo el viaje de esta persona, repitió los errores de otros directivos y federativos, quienes aprovechan esta justa para hacer sus vacaciones anuales con las familias y amigos, y ésa es una enorme falla por parte de un hombre que debió ser el ejemplo. Al final de las competencias tendrá que dar cuentas de la inversión que se realizó tal y como se comprometió en entrevista con TVC Deportes.

El caso de Carlos Padilla Becerra se trata del de un verdadero solapador de las federaciones de México. No pone orden y sólo piensa la manera de seguir con sus ataques al director de la Conade, luego de que éste llegó en lugar de su gran amigo Jesús Mena, con quien creía tener todo controlado hacia estos Juegos Olímpicos.

El presidente del COM tiene muchos compromisos con gente que no ve por los deportistas y que bloquean lo que pudiera ser un verdadero desarrollo de los atletas. Siempre sale sonriente en las fotografías con los patrocinadores y en los eventos públicos, pero habrá que estar al pendiente de lo que le ha faltado trabajar para crear una verdadera unidad, lo que no existe en estos momentos.

Luego están los dirigentes de las federaciones con la de Atletismo, Boxeo y Beisbol como las más señaladas de manera negativa. Estos hombres se han apoderado de un lugar desde donde no operan por el bien de sus deportistas, sino que buscan engrosar sus cuentas bancarias y beneficiar a sus amigos. Ojalá que las investigaciones que inició castigo contra algunos de estos personajes continúen hasta limpiar estos órganos que son vitales en el enlace de las autoridades con los deportistas. Y si Castillo ya no sigue en el puesto, que quien llegue se atreva a continuar con esta labor.

Finalmente y aunque intenten navegar con la bandera de víctimas, están los atletas. Estos deben dejar de buscar culpables en la prensa, aficionados y directivos. Deben hacer un análisis de lo que hicieron y de lo que les faltó para tener una mejor actuación en los JO. Ojalá fueran honestos y reconocieran si es que no se prepararon de la misma manera, si se encapricharon en cambiar de entrenadores y llevarse hasta el reboso a Río.

Y ni siquiera la obtención de una medalla salva el ridículo que están haciendo en Río. Éste no es momento para maquillar las fallas con una posible presea de la que todos intentarán colgarse si es que se consigue. No hay que dejar pasar todo lo que ha ocurrido en los últimos años dentro del deporte en México. Debemos tener memoria para exigir que se acaben la porquería en la que se han embarrado todos, porque aquí nadie se salva, todos tienen su grado de culpabilidad.